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17 de mayo de 2018

El ingrato

Sin ningún tipo de duda la ingratitud va ligada a la mala educación; me pregunto si no será también causada por mala memoria o por mera abulia. Cada vez cuesta más dar los "buenos días", pedir algo "por favor" y dar "gracias"; no a Dios sino al que tienes frente a ti. Que una mano amiga o simplemente persona haga algo por ti y agradecerlo, recordarlo y de tener la oportunidad, devolverlo. 



Uno nunca hace algo por alguien a cambio de lo mismo pero sí espera que el respeto y el aprecio sean mutuos. El ingrato es el que olvida, el que no recuerda por omisión, el impasible que no siente ni padece, o solo busca la sombra bajo su sombrilla. Incluso en algunas ocasiones el individuo en cuestión no sale de su zona de confort a no ser que vaya a conseguir algo, y llamémosle casualidad, con el menor esfuerzo posible.

Lo que el ingrato no valora, no sabe o no quiere saber es que sus decisiones causan dolor, desprecio, puede que también rabia, quizá un gran amasijo de sorpresas negativas que se aploman en la garganta y terminan convirtiéndose en espinas y estas a su vez, en laceración. Y lo que se desgarra  ya nunca se puede volver a reparar.

Agradecer es compartir y compartir es amar y no hacerlo deriva en distancia, alejamiento. Cuando no se puede ser vengativo ni cerrando los ojos y conjurando a los astros para que te otorguen un poquito de maledicencia, solo queda dejar el agua correr. Aprender. Aprehender. Que por bien que hayas obrado y amor hayas repartido, el espejo no devuelve la misma imagen por más intención y empeño se ponga en ello. Como tampoco es posible que una sangre recorra dos cuerpos que no tienen vínculo alguno.

"De ser bien nacido es ser agradecido", y no hay más.