7 de febrero de 2019

"LA ESCALA DE LOS MAPAS" (Belén Gopegui)

febrero 07, 2019 38

Imagina que paseas por las casetas del Día del Libro de tu ciudad buscando un título concreto y en un acto de serendipia te cruzas con uno que alerta tus sentidos. Esto es lo que hizo que "La escala de los mapas" de Belén Gopegui, publicada por Literatura Random House, viniese directa a mi estantería. Intentaré compartir mis impresiones.



En primer lugar, no me equivoco si digo que esta es la reseña más díficil que me está resultando plantear, porque quiero contar tanto sin casi deciros nada, que no sé por dónde cogerla. Indicaré de antemano que es una novela rara, sí, es muy peculiar y muy particular, por lo que los adictos al bestseller y poco arriesgados literariamente pueden parar de leer aquí. "La escala de los mapas" es la ópera prima de Gopegui; publicada inicialmente con Anagrama en 1993, con ella consiguió muchos premios. El año pasado, cumpliendo con su 25º Aniversario, Random House lo reedita, y aquí es donde yo siento un flechazo y me dejo embaucar.

Comenzamos con Sergio Prim, un geográfo que un día se topa con Brezo Varela,  la mujer de la que se enamoró años atrás (sin ser correspondido). Es entonces cuando ella le coge del brazo y se ilusiona, surgiendo un "algo" entre ellos que hace que Sergio se sienta en una realidad a la que no está acostumbrado y entre en pánico; el temor surge ahora por creerse ante la responsabilidad de que una persona lo ame, y su máxima obsesión sea encontrar un hueco donde aislarse y poder poner sus cosas en orden, y valorar las escalas de cada persona. ¿Logra salvar la relación con Brezo?

" Busqué un hueco. Lo encontré en la tela del abrigo de mi compañero de asiento. Y durante el resto del viaje moré allí.  Mirar, morar. Como ve, una simple vocal puede trastocar la vida de un hombre."

Con una prosa muy inteligente, poética y envolvente, la madrileña va tejiendo la trama de una manera magistral. No hay subtramas, no hay escapatoria, no hay más en lo que centrarse a excepción de la pareja y la metáfora en su máximo esplendor.  El hueco, el hueco, el hueco. Es asombroso lo delirante y casi patológico que resulta Prim en torno a ese hueco, tan necesario para él. Y más curioso es que una novela de doscientas páginas con una narrativa tan auténtica y original como esta, llegue a marear, a hastiar, a resultar excesiva, a dejar al lector completamente derrotado psicológicamente. He sido incapaz de leerla del tirón; al contrario, he tenido que hacerlo muy a poquitos y entremezclando con otras lecturas, porque casi me estaba obsesionando a mí, y esto es un arte del que muy pocos escritores pueden alardear.

" Los mapas de los hombres son los libros. A ninguna lectura le es ajeno el acto paradójico de estar tocando un mapa con la yema del índice y razonar cual si estuviéramos atravesando Francia. Pasar por el capítulo de un libro como quien baja una montaña o sube al circo de un glaciar por las curvas de nivel. Brezo, yo ando por los mapas, yo llevo conmigo el plano de Madrid, igual que un turista, porque tengo fe en los mapas. Ellos establecen una relación distinta entre nosotros y el mundo. Lo mismo hacen los libros."


Como decía, se me ocurren muy poquitas personas a las que recomendar este título, y me ha transmitido muchísimo más de lo que cuento, pero si hay alguien que quiera animarse, le empujo a que descubra esta joya de la literatura española.


1 de febrero de 2019

El sentido del humor

febrero 01, 2019 28

Una virtud muy beneficiosa de una persona es contar con un gran sentido del humor. Esto hace que el día a día sea más llevadero y que incluso en situaciones límites, se tienda a desdramatizar y tomarse las cosas con alegría.



Si todos partiésemos del mismo grado de buen o mal humor seríamos muy similares, linales, clones de unos y otros. Me gusta la gente que tiene  buen humor porque resulta contagioso, quizá incluso hasta en algunas ocasiones hastíe por de más, pero siempre es mejor una persona de carácter risueño y positivo que no que le guste regodearse en el drama y la negatividad.

Lo que me llama la atención es esas otras personas que tienen un don especial para hacer bromitas, siempre desde el respeto y que uno tiene a bien tomarse sw manera positiva, pero cuando se actúa de la misma manera en un efecto espejo, entonces se frivoliza,  selo toman a mal, llegándose incluso a enfadar. 

¿Es que la broma y ese buen humor no es recíproco? 
¿ Solo es factible y divertido para con los demás pero no con uno mismo?

Creo que lo más importante en esta vida es ser uno mismo, conocerse a uno mismo y reírse de uno mismo (cuando hay que regañarse a uno mismo también se hace, por supuesto), pero si se opta por reírse "CON" los demás, ojo, con y no de, también hay que aceptar que el resto se ría con nosotros. Y si no, ya sabes, no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen a ti y todos contentos.

¿Está el sentido del humor sobrevalorado?