El hueco vacío de mi alma
buscandomiequilibrio
diciembre 19, 2019
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Si cerrase los ojos e intentase definir la navidad con un
sabor, sin duda, sería sopa de pescado. Recuerdo un año que a mi madre se le estropeó
porque hizo bastante calor; nos reímos mucho, y en realidad qué importaba.
Nunca lo hace. Nunca destaca el qué sino el con quién. Las cenas y comidas en
casa de mis padres eran muy tranquilas pero en unión y calidez.
Recuerdo las fiestas que se montaban en casa de mis aitites,
a mi aitite cantando, impecable con su porte recto y su bigote perfectamente
recortado; mi amama mirándole embelesada; mi tía Emilia, la rusa (la llamabámos
así porque vivía en Rusia desde hacía muchos años), oliendo siempre a tabaco y
vodka; su hijo Enrique, “Enrikoski”, por lo mismo.
Qué nervios la noche de Reyes, ¿verdad? Nunca se lo dije a mis padres, pero un año de
tan nerviosísima que estaba me levanté muy temprano y les pillé colocando los
paquetes, en el salón junto a la ventana, que era donde los Reyes dejaban su
huella. En realidad ya sabía que “los Reyes eran los padres” porque lo dijeron
unos niños de mi clase; nos poníamos en fila india agarrando la bata del
delante para entrar a la clase civilizadamente y de pronto un día hubo revuelo.
Uno de los primeros de la fila comenzó a decir al de detrás “mi hermano me ha dicho que los Reyes son los padres, pásalo”
, y así lo fuimos haciendo hasta llegar al último. Me impactó tanto que lo
recuerdo nítidamente….. qué desilusión, qué desengaño…. En realidad, a partir
de ese momento se te parte la inocencia y comprendes que para sobrevivir tienes
que desaprender todo lo aprendido en tus primeros años de vida.
No sé si fue a partir de ese momento o cuándo exactamente,
pero desde hace muchos años no me seduce nada la idea de la navidad;
seguramente desde que dejamos de celebrarlo todos juntos en mi casa. Se me
rompió la magia y empecé a ver todo lo que no me gustaba de estas fechas: lo
falso, lo artificial, la impostura, las obligaciones, una festividad religiosa
cuando casi nadie ya es creyente ni practicante. Y para hacer una reunión se
puede hacer cualquier otro día y tiene mucha mejor simbología: amar, compartir,
sin regalos ni condiciones.
Y antes, a pesar de todo le veía una finalidad aun dentro
del “sinsentido”. Ahora me invade una
tristeza que me supera. Nunca volveremos a ser todos porque yo siempre seguiré
visualizando el hueco en la mesa, aunque el resto no lo aprecia; a pesar de que
no me comprendan. O quizá sea el hueco vacío de mi alma....
P.D.: A fin de esquivar los "felices fiestas" esté prácticamente desaparecida de redes sociales durante algunos días, aunque hay algunas publicaciones programadas.

























