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19 de diciembre de 2019

El hueco vacío de mi alma

diciembre 19, 2019 23

Si cerrase los ojos e intentase definir la navidad con un sabor, sin duda, sería sopa de pescado. Recuerdo un año que a mi madre se le estropeó porque hizo bastante calor; nos reímos mucho, y en realidad qué importaba. Nunca lo hace. Nunca destaca el qué sino el con quién. Las cenas y comidas en casa de mis padres eran muy tranquilas pero en unión y calidez.



Recuerdo las fiestas que se montaban en casa de mis aitites, a mi aitite cantando, impecable con su porte recto y su bigote perfectamente recortado; mi amama mirándole embelesada; mi tía Emilia, la rusa (la llamabámos así porque vivía en Rusia desde hacía muchos años), oliendo siempre a tabaco y vodka; su hijo Enrique, “Enrikoski”, por lo mismo.


Qué nervios la noche de Reyes, ¿verdad?  Nunca se lo dije a mis padres, pero un año de tan nerviosísima que estaba me levanté muy temprano y les pillé colocando los paquetes, en el salón junto a la ventana, que era donde los Reyes dejaban su huella. En realidad ya sabía que “los Reyes eran los padres” porque lo dijeron unos niños de mi clase; nos poníamos en fila india agarrando la bata del delante para entrar a la clase civilizadamente y de pronto un día hubo revuelo. Uno de los primeros de la fila comenzó a decir al de detrás “mi hermano me  ha dicho que los Reyes son los padres, pásalo” , y así lo fuimos haciendo hasta llegar al último. Me impactó tanto que lo recuerdo nítidamente….. qué desilusión, qué desengaño…. En realidad, a partir de ese momento se te parte la inocencia y comprendes que para sobrevivir tienes que desaprender todo lo aprendido en tus primeros años de vida.


No sé si fue a partir de ese momento o cuándo exactamente, pero desde hace muchos años no me seduce nada la idea de la navidad; seguramente desde que dejamos de celebrarlo todos juntos en mi casa. Se me rompió la magia y empecé a ver todo lo que no me gustaba de estas fechas: lo falso, lo artificial, la impostura, las obligaciones, una festividad religiosa cuando casi nadie ya es creyente ni practicante. Y para hacer una reunión se puede hacer cualquier otro día y tiene mucha mejor simbología: amar, compartir, sin regalos ni condiciones.

Y antes, a pesar de todo le veía una finalidad aun dentro del “sinsentido”.  Ahora me invade una tristeza que me supera. Nunca volveremos a ser todos porque yo siempre seguiré visualizando el hueco en la mesa, aunque el resto no lo aprecia; a pesar de que no me comprendan. O quizá sea el hueco vacío de mi alma....


P.D.: A fin de esquivar los "felices fiestas" esté prácticamente desaparecida de redes sociales durante algunos días, aunque hay algunas publicaciones programadas.

27 de marzo de 2019

Conectados por un hilo invisible


Hay personas que te sonríen con los ojos, con el corazón, y que con tan solo un gesto consiguen arroparte, como cuando se está sintiendo frío y de pronto, sin pedirlo, notas que te han echado una manta encima. Este instinto de protección no lo tiene cualquiera, nace muy de dentro, de la dedicación, de la honradez, de quien mira también hacia fuera y observa, del que escucha y no sólo oye.



Cuando no es necesaria una conversación, cuando no es indispensable una caricia y aún así sientes un abrazo, cuando quien tienes frente a ti consigue emocionarte con un gesto o un detalle, es precisamente en ese instante, en ese microsegundo, cuando tu alma roza esa calidez y percibe una conexión espiritual, un nexo entre dos latidos distintos que se dan a un mismo tiempo, un hilo invisible que va desde tu miocardio al suyo, fuerte e irrompible. 

Hoy termino una etapa, breve y temporal, con la emoción a flor de piel y el cuerpo cálido de una acogida inesperada y tan cálida.


¿Habéis vivido alguna vez ese tipo de conexión con alguien a quien no conocieseis?

1 de febrero de 2019

El sentido del humor

febrero 01, 2019 28

Una virtud muy beneficiosa de una persona es contar con un gran sentido del humor. Esto hace que el día a día sea más llevadero y que incluso en situaciones límites, se tienda a desdramatizar y tomarse las cosas con alegría.



Si todos partiésemos del mismo grado de buen o mal humor seríamos muy similares, linales, clones de unos y otros. Me gusta la gente que tiene  buen humor porque resulta contagioso, quizá incluso hasta en algunas ocasiones hastíe por de más, pero siempre es mejor una persona de carácter risueño y positivo que no que le guste regodearse en el drama y la negatividad.

Lo que me llama la atención es esas otras personas que tienen un don especial para hacer bromitas, siempre desde el respeto y que uno tiene a bien tomarse sw manera positiva, pero cuando se actúa de la misma manera en un efecto espejo, entonces se frivoliza,  selo toman a mal, llegándose incluso a enfadar. 

¿Es que la broma y ese buen humor no es recíproco? 
¿ Solo es factible y divertido para con los demás pero no con uno mismo?

Creo que lo más importante en esta vida es ser uno mismo, conocerse a uno mismo y reírse de uno mismo (cuando hay que regañarse a uno mismo también se hace, por supuesto), pero si se opta por reírse "CON" los demás, ojo, con y no de, también hay que aceptar que el resto se ría con nosotros. Y si no, ya sabes, no hagas a nadie lo que no te gustaría que te hiciesen a ti y todos contentos.

¿Está el sentido del humor sobrevalorado?

25 de enero de 2019

La inmediatez



Es curioso cómo evolucionamos los seres humanos; en el peor de los casos, cómo "des-evolucionamos". Cuando yo era pequeña había una palabra que me asustaba muchísimo; ésta era "inmediatamente". Si mi madre hacía uso de ella, que por normal general venía acompañada de un mandato, yo sabía que oculto tras ella había una represalia, incluso una amenaza de castigo. No teníamos tanta prisa, nos tomábamos la vida de otra manera y había otra definición de lo inmediato, tan distinta a la actual.


Ahora no, ahora no solo ya no la tememos, sino que lo asumimos como parte de nosotros; esa inmediatez que, provocada por los avances tecnológicos, siempre en costante crecimiento, nos hace no pararnos a utilizar parte de nuestro tiempo en los detalles, ni a reflexionar o analizar el cauce de nuestros días; ya no mostramos interés en ir conociendo poco a poco a una persona nueva, sino que prejuzgamos de una manera rápida y, muchas veces, también errónea, para así poder abarcar el mayor número de actividades posibles y, por supuesto, compartirlo en nuestras redes sociales de ipso facto, sin dejar opción a la duda, sin el beneplácito del descubrimiento. Lo que nos causa pavor es enviar un mensaje y no obtener respuesta instantánea, llegándonos a preocupar porque algo terrible está sucediendo.

Yo añoro la pausa, el ocio, la dedicación; una conversación cara a cara, tacto a tacto. Echo de menos el silencio, el aburrimiento, la risa; sí, porque ya no reímos como antes, sino de forma intermitente, como si el eco de la risa se tuviese que cronometrar para pasar raudamente a otro menester y esto, sin ser del todo conscientes, nos acecha, nos deprime, nos entristece y nos estresa. Personalmente intento cortar esta soga al cuello, ojo, no siendo fácil renunciar a la comodidad, pero sigo escribiendo cartas de puño y letra, prefiriendo la cita que la llamada, el abrazo que la palmadita en la espalda, y en los días de más ruido me autoinflinjo como penitencia silenciar el teléfono y desconectar de lo que me atenaza. Qué autocastigo tan beneficioso....

En esta era de estrés y agobio, ¿qué echáis vosotros en falta?



17 de enero de 2019

Saberse traicionado


Hay algo aún más doloroso que sentirse traicionado, y es saberse traicionado. Omitir es traición, ocultar es traición, mentir es traición, y abandonar sin una explicación ni justificación, también es traición. No es un mero dolor, porque lo que duele, una vez hecha la herida y pasado un tiempo, tiende a cicatrizar; hablamos de una fuerza máxima que llega como un huracán y resulta desgarrador, y cuando un alma se siente desgarrada, resquebrajada, no es tan sencillo recomponerla. Hay que padecerlo y sufrirlo durante un tiempo prolongado, creando desconfianza, depresión, desazón. Y es que no creo que haya algo más punzante que un amigo te traicione, que te apuñale cuando no has hecho nada para merecer esa ignorancia.



A veces puedes sentirlo, y aun así rememorar lo compartido, lo convivido, en una evidente fase de negación, en la que uno no termina de creer que tras muchos años de relación, sana y constante, un día, sin causa aparente, la soledad y la distancia se han instalado entre su casa y la tuya. Pero saberse traicionado es algo aún mayor, es quitarte un antifaz de los ojos y descubrirte expuesto ante una realidad que ni pensabas existía, y entonces vives la mentira y la humillación, y los pilares se desmoronan y se hacen añicos.

¿Qué hacer cuando ya no hay vuelta atrás? Creo que llorar de rabia, de angustia, dejar salir a flote toda esa incredulidad circundante hasta agotarse física y  mentalmente, y darse tiempo a uno mismo. No hay un periodo establecido según una tabla de dolor, tanto hemos compartido, tanto duele, tantos días necesito de recuperación, ya que cada uno vive, siente y sufre a un ritmo muy específico, de una manera personal y concreta. El tiempo, aunque a priori parece eterno, infinito, va pasando. No hay que estancarse en un pasado que ya nunca volverá, sino pensar en uno mismo, en el presente, porque lo venidero está escrito y lo hará por su propio peso, y cuando una pierna comience a flaquear, hay recurrir a los bastones que nunca se fueron, que siguen ahí, esperando y ansiando que la otra pierna le siga, y quizá no muy lejos, consigas volver a correr, aunque ahora te sientas cojo y hueco por dentro.

¿Creéis que hay una fórmula adecuada para intentar olvidar a un amigo que lo fue todo?


10 de enero de 2019

Caos impulsivo



Ya iba siendo hora de pasar a saludar al menos en lo que llevamos de año. Como os comentaba en la entrada anterior, nunca puedo seguir el calendario con el cambio de año, porque tanta fiesta y tanta comilona me desequilibra por completo. Qué bien sienta salir de la rutina y con qué ganas se vuelve a retomar. Y sin embargo, y aunque he frenado para poder coger impulso, el resultado ha sido un tanto caótico; me he desbarajustado  y todavía no encuentro la manera de reubicarme, de ordenarme de nuevo.



Siento mucho mi ausencia en el blog y más aún en redes sociales. Quienes me seguís en Instagram sabéis que tenía un ritmo bastante constante de presencia, que ahora brilla por su ausencia. De Twitter mejor ni hablemos, ni sé hace cuánto tiempo  no paso a dar los buenos días; un desastre. Prometo que cuando retome la rutina, haré una reaparición.

Cuando uno se siente incompleto y de pronto durante dos o tres días vive una plenitud, el alma se aferra a esas sensaciones y no las suelta tan fácilmente; por lo que ahora, que volvemos a estar los de siempre, me falta algo, y la melancolía se ha instalado en mi piel de pingüina, esperando a días venideros para ir desprendiéndose poco a poco, lentamente pero de forma efectiva. Mientras tanto, echo de menos, extraño, me puede la ausencia.

En definitiva, tengo un maremágnum vital, hormonal, sensorial y general que no sé ni por dónde me da el aire. A lo que iba, que me tuerzo; estoy absolutamente desordenada. Todas las reseñas pendientes que tenía no solo no se han reducido sino que la lista aumentó bastante el año pasado. No me quejo, 2016 y 2017 fue deplorable (bloguerilmente hablando) y el año pasado conseguí publicar en noventa ocasiones, y mezclando reseñas con estas reflexiones raras que me invaden y me gusta compartir con vosotros. Mi casa también ha sufrido un profundo golpe de desequilibrio instalando el nuevo vestidor, que parece que no termino nunca de colocar y me resta horas de mi ocio. Mi bullet journal está estancado en diciembre, y solo el hecho de que esté así me enerva y me frustra; no puedo consultarlo, porque el de enero está sin comenzar, y arggggggggg, qué horror.

El caos también es literario. Tengo sin terminar once títulos desde 2018 (miento, alguno de esos once lleva un par de años conmigo), que por circunstancias múltiples, así han quedado; algunos no me estaban encajando, otro creo que lo acabaré abandonando y tengo tres que sí  me estaban motivando, pero me he ido encaprichando de otros. En definitiva, que han pasado diez días de enero y aún no he leído un libro completo. Ahora estoy enfrascada en "Los dieciséis árboles del Somme" de Lars Mytting,  que con un poco de suerte espero terminar esta noche.

Me he dado de margen hasta el lunes de la semana próxima (inclusive) para ponerme en orden, abandonar el caos y tomar un impulso bien fuerte. 

Y a vosotros, ¿también os rompen el ritmo las fechas navideñas?


31 de diciembre de 2018

Quizá no sea el último encuentro

diciembre 31, 2018 49

Dice el calendario que hoy es el último día del año, aunque en realidad para mí 2019 comience, como mínimo, el siete de enero, o incluso más tarde; arranca cuando he tomado distancia respecto al anterior, después de haber podido analizarme, haber sacado conclusiones claras de mi balance. Ahora mismo, pocas horas antes de que oficialmente 2018 dé paso a su fin, no estoy preparada ni he encontrado las palabras que definan todos estos días.



A nivel de lecturas, es el año que más libros he leído en número, pero no en calidad. Muy pocas obras se han quedado conmigo, retenidas en mi memoria, en los poros de mi piel. Creo que si quitase al gran Lacombe, de quien he leído bastantes títulos, y varios cuentos infantiles que me han dejado una nostalgia latente, me quedo con "Primero de Poeta" de Patricia Benito, que me hizo conocer una parte de mí que no sabía cómo expresar; y con las "Cartas a una desconocida" del gran Zweig, que me hizo aprender otro tipo de amor. A partir de aquí, ha habido bastantes obras que me han entretenido, divertido y gustado en general, y otras tantas deplorables. No tacharé de malos escritores ni de malos libros todas esas páginas, sé que yo he sufrido muchos cambios.

Como dice mi querida "Miss Brandon", sigo echando de menos a quien no se lo merece, pero también he aprendido a amar con más fuerza. Mis sentimientos necesitan ser clarificados; una parte de mí sabe que tendré que asimilar una pérdida que en este instante no estoy dispuesta a afrontar, aun sabiendo que hay muy poco de positivo en ello; otra parte lucha por ser feliz, porque la felicidad no llega, hay que esforzarse en alcanzarla. La vida me está ayudando, y ahora mi epicentro es otro: mi último pensamiento de la noche y el primero cuando amanece. Estoy reeducándoome en eso de no callar, aunque aún me falta decir abiertamente lo que duele, sin pensar en el receptor; queda tanto por hacer....

Me gustaría cerrar los ojos y que ya fuese mañana, momento en el que mi cama ya no esté tan fría y solitaria, y cuando por fin estemos todos juntos. Mientras tanto, comienzo "El último encuentro", con la esperanza de que quizá no lo sea, pero sí una nota más de color en mi introspección. Me dará calor mi infusión en esa taza que me encanta y que tanto me representa, un corazón al que le falta un trocito y que dice tanto de mí.

Restan días para completar el ejercicio, como dice mi profesora de yoga, de mirar hacia dentro así que, por el momento, me conformo con disfrutar de mi práctica de hoy.


14 de diciembre de 2018

Hilos inextricables

diciembre 14, 2018 20

La vida nos rodea de madejas complicadas, en las que por más que nos obstinemos en la búsqueda de un cabo suelto, aunque seamos capaces de encontrarlo, al ir tirando con suavidad por el extremo, es casi seguro que terminemos descubriendo que hay hilos tan inextricables que solo dan lugar a la desesperación, y con ella, las ganas de desecharlos del entorno. Porque si ya de por sí las carreras de obstáculos se nos anteponen por sí solas, ¿por qué intentar desenmarañar algo que se sabe enredado y se da por hecho,  no llegará a buen puerto?



Es como intentar buscar respuesta a una pregunta que a priori no la tiene. ¿Para qué empecinarse, si hay veces que el laberinto está tan oscuro que no nos permite ver la salida?

¿Qué es mejor? ¿No cejarse en el empeño y sobrevivir cuando las cosas ya son bastantes complejas por sí mismas? ¿O insistir aunque vayamos a perder los nervios y la paciencia y hacer un último intento, por infinita vez? O por lejana que parezca....



26 de noviembre de 2018

Empatía con el personaje

noviembre 26, 2018 25

Desde tiempos inmemorables, todo lector busca tener afinidad con los personajes con que se topa en un libro. No sé a vosotros, pero me encuentro muchas veces con opiniones, generalmente juveniles, en las que se expresa que si el protagonista no actúa como esperas ya no te cae bien y por consiguiente, crea una falta de empatía. Esta es mi reflexión de hoy.


Entiendo que es costoso empatizar con alguien que te presenta una situación que para tu caso personal resulta inaudita, incomprensible, incluso puede que sea ficticia, que no te parezca creíble.  Mi pregunta es: Si un protagonista no gestiona sus emociones como lo harías tú, desencadena en que no te caiga bien y entonces, ¿ ya el libro no te gusta? ¿Pierde garra por no actuar como esperas? 

No me refiero a novelas distópicas en sí mismas, donde justamente lo que se busca es discernir sobre lo correcto o incorrecto; mi pregunta es concerniente a cualquier estilo o género. 

Tengo dos teorías, que os explico a continuación; por un lado, creo que la magia de la literatura es que te permite recorrer otros pensamientos, viajar por otros lugares y adentrarse en mentes desconocidas (siempre y cuando los personajes estén correctamente perfilados, claro) ; y por otra parte, sí me ha ocurrido haber leído una novela en la que hubiera pegado un puñetazo a uno o varios protagonistas.

¿Os ha ocurrido? ¿Cuál es vuestra opinión al respecto? 
Me encantaría conocerla y comparar impresiones.

20 de noviembre de 2018

"Molestia aparte"

noviembre 20, 2018 24

Ya os he contado en alguna otra ocasión que me supera el sonido del teclado del móvil al escribir, pero no es lo único que me molesta. Me pone muy nerviosa la gente que tararea o silba en todo momento, quien habla solo y la gente que cuenta en alto o narra lo que está haciendo. Me altera sobremanera quien aprieta el pulsador de un bolígrafo de manera compulsiva, patológica, porque rompe mi karma, mi centro de silencio; y ni qué decir tiene quien masca chicle con la boca abierta.; me irrita.




Esto se denomina misofonía, por cierto. Descubrí esta palabreja en una lectura, lo he buscado en google y dice así:

¿Qué es la misofonía?

La misofonía, que significa "odio al sonido", es descrita como una alteración mental que ocurre cuando sonidos cotidianos de baja intensidad producen demasiado malestar. El hecho de oír cómo alguien mastica, el sonido de un bolígrafo deslizándose sobre el papel o el que emiten ciertas personas que llevan suelas de goma cuando caminan sobre una superficie lisa puede llegar a ser una tortura para las personas con alguna forma de misofonía, ya que tienen muy poca tolerancia ante cierto tipo de estímulos auditivos.
Así pues, allí donde hay misofonía hay un umbral de tolerancia demasiado bajo ante ciertos ruidos de baja intensidad, lo cual hace que estos desencadenen un estado de estrés, rabia y fuerte malestar en la persona que la experimenta, dependiendo del tipo de ruido al que le tenga aversión: el ruido al masticar, los carraspeos de una persona que se aclara la garganta, etc.
(Fuente: www.psicologiaymente.com)

Imagino -o quiero pensar - que muchas cosas se hacen de manera inconsciente (¿o se hace adrede? ) sin darse cuenta de que molesta al que tienes a tu lado. Porque los que tenemos la malsana costumbre de hablar únicamente cuando tenemos quien nos vaya a escuchar , si de manera automática oímos que alguien habla alrededor, intercedemos :

- "Dime, perdona". 
- "No, es que estaba hablando sol@".

 ¡Fantásticooooo!



Eso sucede las dos primeras veces; la tercera, ya con un retintín de malas pulgas y un tonillo un tanto chulesco, preguntas:

- ¿Me estás hablando a mí?
- Ah, no, es que estaba hablando solo.

Y piensas, arrgggg, la próxima vez que hables solo espero que te respondas a ti mismo, porque no pienso contestarte..... (cara de enfado mayúsculo) ¡Ojo!, y dicen que es sanísimo para la mente, por lo que  quizá esto sea una consecuencia más derivada de mi constante desequilibrio .... ¡Y una porra! ¿Es necesario hablar solo en alto? ¿No se puede hablar en "mute" con uno mismo? ¿No es igual de sano?

Sin embargo, eso no es lo peor, no no no, es que además lo hagan en un tono de susurro casi imperceptible para el ser humano pero perfectamente audible para tu tímpano, que se alerta con una mosca. Uuuuuffffff. Esto os confieso que fomenta mi instinto de homicidio en primer grado.

Que sí, que todos venimos con nuestras taras de serie, y es más fácil ver la paja en el  ojo ajeno, pero compartirlo en modo silencioso, solo a golpe de tecla, no creo que vaya a suponer un disgusto para nadie. ¿O sí?  Si la definición que he compartido es correcta, creo que tengo que tratarme, no solo de desequilibrada, sino también de misófona. 

¿Qué os molesta tanto tanto tanto a vosotros de la gente que os rodea que os saca de vuestras casillas?
¡Contadme!



14 de noviembre de 2018

Búsqueda constante

noviembre 14, 2018 27

Servidora, como asidua buscadora de mi equilibrio (ya que el desequilibrio viene de serie),  he ido analizando parte por parte de lo que necesito en mi vida, que no es poco, y es que  busco el silencio, la paz, mi bienestar, que me salgan las posturas de yoga, tiempo para leer y reseñar sin prisas, para socializar, y varios, es decir, soy una gran aspirante de momentos.  



En realidad todo en su conjunto es claramente mi ansiado equilibrio, es más, que continuando con mi reflexión me he percatado de que la vida es una continua búsqueda de algo que no tenemos o queremos alcanzar; siempre buscando, siempre reflexionando, investigando, intentando mejorar, cambiar algo que nos convierta en mejores personas, etc. En definitiva, aprendiendo y desaprendiendo a fin de encontrar una estabilidad emocional general.


Algunas veces la búsqueda de determinadas máximas se convierte en espera; una búsqueda constante que cuando no da frutos, termina por agotar física y mentalmente. De lo primero es mucho más sencillo recuperarse, pero de lo siguiente....  a veces crea cicatrices profundas, las del alma, esas que destrozan hasta desgarrar.

¿Es siempre la vida una lucha continua por alcanzar metas? 

¿Y qué sucede cuando las realmente importantes  no nos dan tregua?




15 de octubre de 2018

No me gustan...

octubre 15, 2018 33

No me gustan las personas negativas,
las que nunca te obsequian con un "qué bonita estás hoy"
sino que solo critican tus defectos.

No me inspiran quienes dan su opinión sobre ti libremente
aunque nunca se la hayas pedido.

No me sirven esos a los que preguntas qué tal tú día
y otorgan un "mal" como respuesta.

No merecen mi confianza quienes jamás muestran una sonrisa,
ni los que reniegan de sus ganas de vivir.

No me agradan las medias tintas, las palabras escondidas,
la abulia ni  la pereza,
me aterran los gritos, los insultos y los golpes en la mesa,
me angustian los impasibles,
y esos a los que miras a los ojos
y te responden mirando al suelo.

No me aportan aquellos que te recuerdan
solo cuando tú te acordaste primero.





No me motivan las personas que siempre ven el vaso medio vacío,
o las que lo miran con recelo por si estuviese contaminado.


6 de octubre de 2018

Vertiginosamente

octubre 06, 2018 36

Hacemos alusión al vértigo cuando uno cambia de perspectiva, en el instante en el que el suelo cada vez se aleja más, toma distancia, y nos sentimos más elevados de lo habitual. Esa sensación de flotación provoca un ligero susto, como si nuestros pies se despegaran de las suelas de los zapatos y comenzásemos a levitar, comenzando un incipiente cosquilleo en el estómago; como cuando uno se asoma a un balcón de una décima planta y vive en la segunda, o cuando en un parque de atracciones miramos hacia abajo y vemos todo tan diminuto, y en un segundo, schhhhh, hemos descendido un montón de metros y entonces sentimos el hormigueo. Quizá sea pura adrenalina, que de estar concentrada y expulsarse de golpe, origina esa sensación.




¿Y qué hay del vértigo por lo desconocido? Ese es el que provoca temor, miedo, dudas e inseguridades, el que te hace sentir en desequilibrio porque te transforma de caminante a funambulista sin apenas poder reaccionar. Y ya no hay vuelta atrás, tienes que atravesar la cuerda porque es la única opción de seguir adelante, a pasos cortos y certeros, sin mirar atrás ni tampoco hacia adelante, simplemente yendo. 

Ese halo vacilante que te atenaza los músculos, te bloquea los sentidos e incluso te borra la inspiración y el que, a pesar de todo, crea en ti una ilusión, ¿no es cierto? Porque lo que no se conoce también es estimulante, genera misterio, y te incita al descubrimiento.

Yo cierro los ojos y me dejo llevar, para que el vértigo no me alcance y el miedo se instale.


4 de agosto de 2018

Hablar con el corazón



Dicen que quien habla con el corazón en vez de con la cabeza, tiene el privilegio de que quien le escucha también lo hace con el corazón. De aquí se deduce que para ello es importante tener quién preste atención a tus latidos. Por estos lares me encuentro divagando sobre el tema en cuestión, porque es completamente necesario en primer lugar, saber interpretar las señales que el corazón te envía, que eso se convierta en palabras y fluyan solas como el viento; y en segundo lugar, elegir en quién confiar para que te preste sus oídos y te los entregue para la causa; decidir en quién confiar con esa seguridad plena de que tus pensamientos se convierten en secretos en el mismo momento en el que te aventuras a compartir con otra persona tus miedos, tus temores, y vaciarte.




Esto es pura fortuna.  Expresarte sin tapujos con esa persona que te comprende, que te ayuda a entender (te). Y tener la suerte de contar con ella. Porque abrirse a los demás no es fácil, partiendo de la premisa que saber intepretarse a una misma ya es una tarea compleja. Porque las personas cambiamos, evolucionamos y nos equivocamos, y asimilar una crítica constructiva es mucho más llevadero cuando te preguntas y te respondes, o cuando le preguntas y te responde, y hace tu mundo mucho más simple. Lo dicho en voz alta siempre pierde peso y suena menos importante que cuando se agolpan sensaciones y sentimientos y no consiguen salir de la garganta, hasta que por fin sale, y te sientes liberada. Entonces se termina el ruido, ese ruido ensordecedor que atormenta y no permite encontrar calma ni equilibrio.

Qué sencillo es que te duela la cabeza y tomarte una pastilla milagrosa que calme la molestia, pero cuando es tu alma la que sangra con solo rozarla con la punta de un alfiler, ¿qué tratamiento hay que seguir? Hablar para poder desahogarse. Sentarse sin prisas a exponer tu patología y que la persona en quien confías, sin ser médico, te muestre un camino o una solución que estaba frente a tus ojos y tú sola no habías visto.

Así que gracias  a las personas con buen fondo y capacidad de amar, que siempre encuentran las palabras con las que devolverte a tu mundo sin haber dado un giro de 360º; las que te ponen en línea recta cuando tu sendero tenía demasiadas curvas.


27 de julio de 2018

Machismo: ¿Se puede reeducar?


Hay pocas cosas que me producen más irascibilidad que el machismo. Venga, seré sincera, me hace saltar a la yugular de quien tenga en frente y lo defienda. Me refiero al típico personaje de "macho ibérico". Está desfasado, señores, no se lleva. En un entorno grupal es muy fácil reconocerlo porque suele hacer comentarios misóginos, xenófobos, homófobos, etc, además de machistas, por supuesto, y tiene una clara tendencia a la disciplina militar y/o dictadura. También es cierto que la mayor parte de los de su especie tienen unos limitados conocimientos de todo en general, por eso de que la ignorancia es la madre del atrevimiento y tal, aunque últimamente me veo sorprendida porque sí los hay con muy buenos estudios y se mimetizan muy bien con el ambiente, jugando al despiste. Ojo con estos, que los de doble filo son incluso mucho más peligrosos.

En una época en las que las mujeres (y algunos hombres que piensan como nosotras, gracias a Dios) estamos hastiadas, saturadas e indefensas de tener que luchar contra este tipo de personas y contra la "justicia" de este país , nos quejamos, reinvidicamos, nos manifestamos y gritamos. Yo creo y confío en que todo pasa por la fase de Reeducar, Reinstruir y demostrar que ese patrón de conducta machista está fuera de lugar y es absolutamente ridículo. Ahora bien, ¿qué hacemos con la mujer machista? Porque esto es alarmante...  Comprendo que hay un porcentaje de mujer tradicional de no fácil adaptación a los cambios, pero señoras, las personas evolucionamos y como mujeres, progresamos a pasos agigantados. Hemos sacado las garras toda la vida, sí, pero si podíamos votar podíamos trabajar, y a día de hoy nosotras elegimos, a quién votar, si queremos trabajar, en resumen, qué camino va  a llevar nuestra vida; es más, orientarla hacia un lado y cambiar el rumbo tantas veces consideremos necesario. Estoy harta y cansada de tener que justificar o argumentar si tal está casada o cual tiene hijos, si sale de copas con sus amigas o se pone una minifalda. No hace falta hablar de manera despectiva o con ira en los ojos; aburren muchísimo algunas frases del tipo de: "Es que no tienen hijos ni nada", "no están casados ni nada", "es piloto de avión y el pobre marido se hace cargo de los niños", "normal que se vaya con otra", "es que ella cobra como él", etc. ¿Ni nada? ¿En serio? ¿Es obligatorio para poder sentirse realizada como persona tener que seguir la tradición de años pasados incluso estando obsoleta? Seguro que como yo, algunas tendréis los tímpanos abrasados de escuchar toda esta bazofia. Las lenguas cargadas con veneno y la facilidad para las críticas -no constructivas- entre nosotras daría para otro post, pero no es a lo que quería referirme concretamente.

El machista me exaspera pero la machista me hace rabiar. Nos tenemos que defender entre nosotras. SOMOS LIBRES, que no se le olvide a nadie. Así que a estos hombres y mujeres habría que sentaros delante de  un pupitre a darles clase de adiestramiento, por un lado, y de sociedad y respeto, por otro, para que quede claro que estamos en el siglo XXI y es necesaria la igualdad. Que cada cual haga lo que le dé la gana, pero sin herir a nadie.

He dicho.


11 de julio de 2018

A destiempo


Venía de leer a unos compañeros de otro blog que entre otros, me dedicaban hoy una mención especial. No solo me he sentido emocionada y halagada sino que en sus palabras he encontrado respuesta a ciertas cuestiones que llevaba días intentando solventar. Mis compis dicen que en mi espacio no solo hablo de libros sino que reflexiono sobre todo en general y sobre mis vivencias personales, en particular. Esto me ha hecho preguntarme: ¿hace cuánto que no me paro a reflexionar? ¿y a escribir? Porque pensar y reflejar con mis letras mi maremágnum emocional es un oasis, porque cuando no escribo me atasco, y siento que voy a destiempo.


(Imagen vía internet)


Cuando casi todas las personas están en épocas de parón y descanso, yo me altero. Cuando no me planifico me invade el desorden, que conlleva en caos y eso me produce desequilibrio. Sí, el desorden me desequilibra. El hecho de sentir que arrastro siempre tareas pendientes, sean de la índole que sean, me asfixia y entonces lo único que me queda es huir, ausentarme, distanciarme. Siempre todo para ayer o acumulado para mañana. Pero por fin comienzo a respirar.

Ya basta de risas entrecortadas, cafés anulados y llamadas pospuestas, porque es el aquí y el ahora; es hacer una balanza para que mis aletas de pingüina queden a la par en la cuerda de funambulista en las que me apoyo. El entorno es maravilloso, puedo patinar sobre el hielo sin caerme y a veces se me olvida. He tenido una temporada aislada en la que ciertos planes no salieron como esperaba y eso me frustró, por eso hoy, gracias al empujoncito de Moniki y Juan Manuel, que me han recordado que abrir el alma ante todos vosotros me quita un gran peso de encima, he dicho: voy a vaciarme. Aunque sea, como siempre, en blanco y negro.

Ahora siento que puedo volar.


25 de mayo de 2018

Subconsciente



Una noche sueñas con alguien que creías olvidado, y el estómago se revuelve provocando una náusea matutina en el mismo instante en que suena el despertador. Te acompaña esa sensación a lo largo de todo el día, se agarra a ti, se pega y no te suelta; lo sientes tras de ti, como un lastre atado al tobillo, impidiendo dar el siguiente paso decidido, certero; hasta que caiga la noche y un nuevo sueño haga mella.

(Imagen vía Pixabay)

El día se hace complicado porque lo sientes más real que ficticio, más provocado que imaginado, y te resignas a la lástima y la pena de no haber podido saber cuál era el desenlace, cómo terminaba ese sueño, esa vivencia. Intentas recrear distintas posibilidades, aquí sí, engañando o intentando engañar a tu subconsciente, pero no surte efecto, esto no funciona así. No hay posibilidad de repintar un cuadro que ya estaba terminado, ni mejorar su aspecto aunque dispusieses de una magnífica paleta de colores y un pincel nuevo.

Ni todo es tan sencillo en su interpretación ni tampoco, lamentablemente, se puede consultar entre las páginas de un libro, sino en los vestigios de la memoria, entre los recuerdos o en los sueños pasados.

¡Ay! Vieja amiga nostalgia.....


17 de mayo de 2018

El ingrato

Sin ningún tipo de duda la ingratitud va ligada a la mala educación; me pregunto si no será también causada por mala memoria o por mera abulia. Cada vez cuesta más dar los "buenos días", pedir algo "por favor" y dar "gracias"; no a Dios sino al que tienes frente a ti. Que una mano amiga o simplemente persona haga algo por ti y agradecerlo, recordarlo y de tener la oportunidad, devolverlo. 



Uno nunca hace algo por alguien a cambio de lo mismo pero sí espera que el respeto y el aprecio sean mutuos. El ingrato es el que olvida, el que no recuerda por omisión, el impasible que no siente ni padece, o solo busca la sombra bajo su sombrilla. Incluso en algunas ocasiones el individuo en cuestión no sale de su zona de confort a no ser que vaya a conseguir algo, y llamémosle casualidad, con el menor esfuerzo posible.

Lo que el ingrato no valora, no sabe o no quiere saber es que sus decisiones causan dolor, desprecio, puede que también rabia, quizá un gran amasijo de sorpresas negativas que se aploman en la garganta y terminan convirtiéndose en espinas y estas a su vez, en laceración. Y lo que se desgarra  ya nunca se puede volver a reparar.

Agradecer es compartir y compartir es amar y no hacerlo deriva en distancia, alejamiento. Cuando no se puede ser vengativo ni cerrando los ojos y conjurando a los astros para que te otorguen un poquito de maledicencia, solo queda dejar el agua correr. Aprender. Aprehender. Que por bien que hayas obrado y amor hayas repartido, el espejo no devuelve la misma imagen por más intención y empeño se ponga en ello. Como tampoco es posible que una sangre recorra dos cuerpos que no tienen vínculo alguno.

"De ser bien nacido es ser agradecido", y no hay más. 

30 de abril de 2018

¿Qué parte del NO no entedisteis? ¿La N o la O?



Dice Despentes en "Teoría de King Kong" que, y cito textualmente: "la violación es la guerra civil, la organización política a través de la cual un sexo declara al otro: tomo todos los derechos sobre ti, te fuerzo a sentirte inferior, culpable, degradada." Y mal que me pese, no puedo estar más de cuerdo, es exactamente así. Es el eterno conflicto bélico al que nos enfrentamos las mujeres cada día. Puta, guarra, cerda, cochina. Da igual por qué motivo, si es a nivel laboral porque sí, aunque os joda, tenemos un intelecto más desarrollado, y sí, mayor capacidad de sufrimiento, porque aprendemos a vivir con él desde nuestra primera menstruación; eso sí, calladitas, incluso en el siglo en el que estamos, porque sigue siendo tabú hablar de la regla, de tetas, de pollas.

(Imagen vía El Correo)

Tenemos el privilegio como personas, porque somos personas, de elegir. Si una mujer quiere montárselo con cinco tíos a la vez, puede hacerlo. Si se plantea hacerlo y no le termina de convencer, está en su pleno derecho de decir "he decidido que no", coger la puerta y largarse. Calientapollas. Esta sería le definición. Y no es no. Estamos hasta el coño de reivindicarlo. Que te cojan entre cinco tíos y te den al mismo tiempo por todos los agujeros de tu cuerpo  no es un abuso, señor juez, es una VIOLACIÓN. Si además quiere agregarle el agravante de abuso me parece estupendo, pero sigue siendo violación. Pero claro, ¿qué podemos esperar? Un tío saca su chorra a pasear y se la enseña a todas las que pasan por la calle, y tú, si no quieres verlo, con mirar para otro lado es suficiente, aunque sientas una falta de respeto y una violación de tu intimidad, en realidad. Si es una tía la que lleva un escote, porque le sale de la seta ponérselo, tienes que aguantar a mirones, sobones y babosos que te dicen cerdadas al oído. Y claro, como llevabas un escote, la guarra eres tú que estás provocando.

Una mujer, al igual que un hombre, puede hablar de sexo, sin reprimirse; hablar de follar, de comer pollas, de cunilingus, ver porno si le da la gana, morrearse con cuatro al mismo tiempo, hombres, mujeres, qué más da. Elegimos. Elegimos lo que queremos. Hacemos lo que nos da la gana. Nos pasamos por el forro la moralidad arcaica, de machistas, retrógrados y cortitos mentales. Estamos indignadas y nos sentimos desprotegidas, porque no podemos ser nosotras mismas.

¿En qué puto mundo vivimos? ¿9 años? ¿9 años por joder el futuro de una mujer? Si deberían de cortar vuestras partes y que os las dejen inservibles de por vida, pero a los cinco. Violación, es violación. Diré más, para mí es un asesinato, porque habéis matado en vida a una chica. Entre cinco. Oh, gran manada, siempre los machitos alfa de la manada, que por separado no valéis para nada pero juntos os creéis lo más.

Qué vergüenza de justicia... Qué denigrante.... En este país en el que todo se tapa o se compra con dinero, en el que solo importa el quién eres, y el tanto tienes, tanto vales. Y si no haced la prueba, os animo, a robar una coca-cola en un supermercado, que el puro no te lo quita nadie; mientras que eres menganito o fulanita y chorizas a todo el país una barbaridad de millones de euros, naaaaada, un par de añitos en una cárcel de lujo, servicio de putas y copas incluido, pagado con el dinero de nosotros, los contribuyentes, y saliendo por la puerta, a seguir mangando. Eso, señor juez, eso es un abuso. Lo otro es violación, aunque intente darle una pincelada de color, lo sigue siendo.

Así que a estos cinco elementos y a las personas responsables (en general) de esta sentencia, les deseo que entre cinco les enchufen sus cositas por todos los orificios, al mismo tiempo, y luego pidan justicia por un "abuso".

Mi amiga añade que espera que toda esta indignación sirva para demostrar que el juicio de la población, cuando se ve ofendido, es más severo que el de los propios jueces.
Buena suerte y buenas tardes.


*** Desequilibrada por la injusticia ***

25 de abril de 2018

Opuestos


Lo que otorga la música al cerebro es algo mágico; musicoterapia, lo llaman. Por mí que se denomine como quiera, pero el placer sensorial que me produce a mí, por ejemplo, escuchar el jazz instrumental es verídico. Si además tengo la suerte de poder hacerlo con los ojos cerrados, los beneficios se multiplican por mil. En serio, debe de aportarme un montón de serotonina, porque me vuelve happyflower. Y lo mejor de todo, me ayuda a abstraerme, divagar, reflexionar.

No sé por qué razón me ha venido a la memoria un vestigio de un lejanísimo recuerdo, recóndito, profundo y personal, sobre unas cuantas frases cruzadas, y lo que se me ha terminado cruzando son los cables. ¿Será la repercusión de esta playlist en la que también suena bossa nova? Lo dudo, se fusionan muy bien. 



A lo que iba, que me lío, es que existe una gran diferencia entre la ambición y el conformismo; la devoción y el nihilismo, o el positivismo y la amargura, como enemigos íntimos que aunque son oponentes, siempre terminar encontrando un vínculo. Por antonomasia, y valga la redundancia, "los polos opuesto se atraen", es decir, que dos personas en distintos puntos del globo terráqueo, con intereses y principios completamente contrarios, si se topasen, se atraerían. ¿No os recuerda un poco a los problemas matemáticos de "un tren sale de...."? (Sigo, que se me va.) Algo así como una ley física pero sin serlo, una ley tipo telepática de la naturaleza, como si fuese un sacramento de instintos.

No quitaría que en caso de llegar a darse una relación sería compleja, por probabilidad, por estadísticas, estoy convencida. Porque mirad que somos diferentes las personas entre sí; qué distintas maneras de pensar y actuar tan chocantes tenemos... Lados opuestos en el cuadrilátero que en vez de ponernos a boxear, terminamos por buscar una conexión, aunque a veces genere un calambre que recorra todo el cuerpo.

Me pregunto yo, ¿por qué nos empeñamos en intentar entremezclar lo que por tan opuesto es casi seguro no casa? ¿Por qué tender a atraer a la fuerza dos mentes que se repelen?

P.D.: Por si algún presente en la sala quiere dejarse llevar por lo que su cabeza le dicte, comparto el link a esta música que comentaba.




P.D²: No consumo estupefacientes, lo juro.

*** Desequilibrada punto com ***