31 de enero de 2019

"ESTUPOR Y TEMBLORES" (Amélie Nothomb)


No os cuento nada nuevo si os digo que Amélie Nothomb es una de mis escritoras favoritas. De manera esporádica voy leyendo alguno de sus títulos, ya que la idea es descubrir toda su obra al completo. Fruto de una recomendación vino "Estupor y temblores", editada por primera vez en España en 2000, nuevamente con Anagrama. No sé cómo se me había pasado traeros la opinión de este libro que leí hace ya tres o cuatro años, así que hoy le pongo remedio.


Esta es una novela sobre la decadencia de una persona. Con una nítida carga autobiográfica nos topamos con una joven belga de 22 años, Amélie, que empieza a trabajar en una gran compañía en Tokio, Yumimoto. Por el hecho de ser mujer y ser occidental sufre constantes humillaciones. Entra para trabajar en el departamento de contabilidad, luego sirve cafés, después le pasan a la fotocopiadora y termina ocupándose de los cuartos de baño masculinos.


"Pasado el estupor inicial, la primera sensación que experimenté fue de un extraño alivio. La ventaja de limpiar retretes sucios es que uno no puede temer caer más bajo."

Ya sabéis que las publicaciones de Nothomb suelen alcanzar poco más de cien páginas, regadas de ese humor tan ácido que la caracteriza y a la par, tan brillante. Esta vez nos marca una clarísima crítica social respecto a la diferencia que radica entre las tradiciones japonesas y niponas, y éstas respecto a las occidentales, y además se centra en una exposición sin tapujos del maltrato vejatorio a la mujer. Y es que en esta empresa la subordinación se antepone por encima de cualquier medida cabal y cívica, donde lo único importante es la jerarquía, donde en cada puesto se es superior al anterior y el compañerismo no existe.


"No es que la nipona sea una víctima, nada más lejos de la realidad. De todas las mujeres del planeta, la nipona no es de las que salen peor paradas. Su poder es considerable: hablo por experiencia."

Parece ser que el emperador del Sol Naciente exigía que sus súbditos se presentaran ante él de esa forma, con "estupores y temblores", y Nothomb, que tiende a fabular algunas leyendas conocidas, aprovecha esta ocasión para además contarnos una etapa de su vida en la que se sintió humillada. Lo  más grave es la dureza a la que es sometida Amélie, que recibe un trato discriminatorio, obsoleto y demasiado crudo de asumir para una chica belga, tan joven, y no sólo por parte de la plantilla masculina de la empresa, sino de la femenina también.


" Tu obligación es sacrificarte por los demás. No obstante, no se te ocurra pensar que tu sacrificio hará felices a aquellos por quienes te sacrificas. Eso sólo les permitirá no avergonzarse de ti. No tienes ninguna posibilidad ni de ser feliz ni de hacer feliz a nadie."


No me gustaría que hubiese una mala interpretación de esta obra respeto a la limpieza de urinarios de una empresa; a mí me enseñaron de pequeña que cualquier trabajo es  digno de respeto. La autora se refiere a la bajada en un escalón social, jerárquico, sin motivo aparente, planteando incluso una denuncia respeto a los derechos de un trabajador que es contratado para desempeñar una función, y poco a poco, se le va denigrando hasta llegar a lo último que uno pueda esperar.


Como os decía, esta lectura fue fruto de una recomendación. Y es curioso, recién terminada no me causó ningún revuelo especial, y ahora que me pongo a recordar mis impresiones y lo que me transmitió, descubro que es mucho más de lo que pensaba a priori. Las reflexiones que plantea Nothomb sí deja al lector estupefacto e indignado y permanecen en la memoria eternamente,  así que os aconsejo que os dejéis embaucar por la pluma de esta mujer.


30 de enero de 2019

"LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT" (Joël Dicker)


El lanzamiento de un bestseller siempre viene rodeado de polémica. Yo intento huir de ellos y buscar mi momento idóneo para su lectura, aunque sea años después. Hoy os cuento mis impresiones sobre "La verdad sobre el caso Harry Quebert" de Jöel Dicker, esta vez en edición Debolsillo.

¿Quién mató a Nola Kellergan? 


Nola Kellergan, una chica de quince años de Aurora (New Hampshire) desapareció el 30 de agosto de 1975. Marcus Goldman, un joven escritor que ya tiene publicado un bestseller, necesita escribir un nuevo libro pero no le llega la inspiración, lo que le hace llamar a su mentor - Harry Quebert - e ir a visitarlo a su casa de Goose Cove. Ahí descubre que mantuvo una relación secreta con Nola 33  años atrás. Poco después, Goldman recibe la llamada de Quebert desde la prisión de Concord, acusado del crimen de la chica. A un metro de profundidad han hallado los restos de la joven en el jardín de Harry, y la autopsia indica que falleció por un tremendo golpe en la cabeza, y lo más importante, junto al cuerpo aparece el manuscrito original de "Los orígenes del mal", obra con la que Quebert alcanzó la gloria en el mundo literario que, casualmente Nola llevaba consigo el día de su desaparición. El abogado que va a defenderlo - Roth -  lo ve cada vez más complicado.


"Me había olvidado de mí mismo."

Marcus se centra en demostrar la inocencia de Harry, investigando con calidad periodística cada hecho, cada recuerdo, cada palabra que le confiesa su amigo y que éste guardará en su grabadora de voz. Aprovechando el tirón mediático y viendo que Goldman va fuera de plazo para la entrega de su segundo libro, le ofrecen desde la editorial publicar "La verdad sobre el caso Harry Quebert", con el que consigue un mayor reconocimiento.


"No hay nada como convertir a la víctima en culpable para desmontar una acusación."


Tenemos por una parte, una novela policíaca al uso del tipo "quién lo hizo", en el que Dicker juega con el lector, poniendo el foco en diversos sospechosos, y no es prácticamente hasta el final cuando se descubre el autor del crimen. Teniendo en cuenta que ya desde el comienzo del libro sabemos que Nola está muerta, es de gran elogio que se consiga mantener el misterio hasta  las últimas páginas. Reconozco que hacia la mitad, aproximadamente, me resultó un tanto repetitivo y la trama casi no avanza, pero pasado ese bache, vuelven nuevamente los giros y las sorpresas, no siendo un bestseller muy previsible, teniendo en cuenta lo que hay en el mercado literario a día de hoy.


" Si los escritores son seres tan frágiles, Marcus, es porque pueden conocer dos clases de dolor afectivo, es decir, el doble que los seres humanos normales: las penas de amor y las penas de libro. Escribir un libro como a amar a alguien: puede ser muy doloroso."


Hay otra parte que me ha gustado aún más, en la que bajo un clima totalmente metaliterario, Quebert va orientando a Goldman sobre la escritura. Ya desde la Universidad, donde  Harry era el profesor, cita a Marcus 31 consejos que Dicker recoge y va intercalando con la trama anterior. Me ha parecido un toque fascinante, especialmente para quienes nos apasiona la literatura. Es brillante también la intuición, el cariño, y el valor de la amistad entre ambos protagonistas principales, que se presenta tal y como lo que es, un principio muy valioso en la vida donde el respeto está por encima de todo, y la amistad real es para siempre.


"Un buen libro, Marcus, no se mide sólo por sus últimas palabras, sino por el efecto colectivo de todas las palabras precedentes. Apenas medio segundo después de haber terminado el libro, tras haber leído la última palabra, el lector debe sentirse invadido por un fuerte sentimiento; durante un instante, sólo debe pensar en todo lo que acaba de leer, mirar la portada y sonreír con un gramo de tristeza porque va a echar de menos a todos los personajes. Un buen libro, Marcus, es un libro que uno se arrepiente de terminar."


En resumen, y teniendo en cuenta que iba con pies de plomo con esta lectura (por el tema de las expectativas ante un bestseller con tantas opiniones) he salido bastante airosa y me parece un compañero perfecto para dos o tres tardes de verano. 

Esto hizo que me animase a ver la serie en televisión, con Patrick Dempsey como Quebert, que me ha parecido una adaptación regulera, con un Harry super bien caracterizado, pero de una calidad pésima y más digna de película de sobremesa para echarse una buena siesta. Si estáis pensando en verla, yo no lo recomiendo; os aconsejo leer el libro.






  


29 de enero de 2019

"A RAS DE SUELO" (Alejandro Blasco Miquele)


La literatura se mide por momentos, por circunstancias, que hacen que nos decantemos por un título u otro. De paseo por la biblioteca un día lluvioso y nostálgico captó mi atención un ejemplar, "A ras de suelo" de Alejandro Blasco Miquele, publicado por una editorial desconocida para mí hasta el momento, Pamiela. Tras leer la sinopsis, se vino a casa. Os cuento el argumento.



Sabemos que Arturo se ha suicidado en Pamplona el 27 de marzo de 2006, precipitándose al vacío desde una ventana de un noveno piso de un inmueble. A partir de aquí, comienza la narración de quien fue su amigo desde la infancia, Roberto, con quien compartió horas, risas, la pasión  por los libros e incluso el primer amor.

" Arturo no podía evitar ir muriendo de dolor, de pérdida y de hastío, muy lentamente. Años antes de perder la vida, Arturo ya había muerto de agotamiento."

Lentamente el escritor nos hace un recorrido por el pasado, desde el inicio de la amistad hasta el fin, a raíz de la  trágica muerte de Arturo. Con un marcadísimo ambiente metaliterario, iremos descubriendo quién era Arturo, un poeta, un escritor obsesionado con dar a luz una novela. Haciendo caso omiso de la recomendación de sus padres, se instala en Madrid con el único fin de alejarse de Pamplona y escribir, e intentando por todos los medios que publiquen su obra. En ese impasse conoce a Irene, quien se convierta en su amiga, compañera y mujer, quien mejor le conozca. Por motivos familiares ambos deben regresar a  Pamplona, teniendo que tomar otros derroteros la vida laboral de Arturo, olvidándose de la literatura, aparcándola, omitiéndola y, al mismo tiempo, entrando en un bucle de infelicidad que solo Irene es capaz de percibir. Ella será quien dé la señal de alarma, aunque sea demasiado tarde.

Tras la muerte de su marido, Irene encuentra entre el papeleo el diario de Arturo, donde expone sus sentimientos más íntimos, sus fantasmas, sus temores, y ésta decide compartirlo con Roberto. De una forma un tanto anacrónica podremos inmiscuirnos en la mente de Arturo. ¿Qué hacer cuándo uno siente que le han arrancado de cuajo lo que más quiere en su vida?


"Siento con el instinto y nombro con el poema. Casi todo lo que escribo tiende, más que a la prosa tan evidente, a la poesía y al verso, porque no es contar lo que quiero, sino sugerir lo que veo."

Este es un libro sobre la angustia de quien solo puede huir de sus fantasmas a través de la muerte, de quien su vida es a su vez su propia cárcel. Desde un respetuosísimo argumento y una cuidada prosa, Blasco nos va relatando todos los sucesos que acontecen respecto a este chico, con la delicadeza de un homenaje. Este texto es un relato íntimo, que narrado de manera constante y lineal hace  ir entrando fácilmente en la trama y sentir empatía desde el principio. Quizá para mi gusto sea un poquito extenso, pero no le resta calidad a la lectura del libro. La magia está en el estupendo perfil psicológico de cada uno de los personajes.


" La memoria viaja, arriba y abajo, otorgando forma y casi cuerpo a lo que fue una vida que a fuerza de tanto recordar no parece ya la nuestra. La memoria viaja, incansable, y en algún punto inconcreto de repente se detiene. Solo entonces se calza los guantes blancos del arrebato y se dedica a robar las cuatro pruebas que testimoniaron una infancia, una sonrisa, un dolor. La memoria viaja, arriba y abajo, siguiendo siempre los meandros de lo casi real, tomando posesión de un mundo que existió (...) Y en ese momento, precisamente en ese punto, se convierte en el ataúd profundo de los recuerdos."

Es difícil leer sobre un suicidio de manera ficticia, mucho más duro es vivirlo en la realidad, pero la muerte existe y el suicidio también, y es una manera de descubrir qué puede rondar por la mente de otra persona.  A pesar de que no puedo garantizaros salir indemnes, os recomiendo su lectura.



25 de enero de 2019

La inmediatez



Es curioso cómo evolucionamos los seres humanos; en el peor de los casos, cómo "des-evolucionamos". Cuando yo era pequeña había una palabra que me asustaba muchísimo; ésta era "inmediatamente". Si mi madre hacía uso de ella, que por normal general venía acompañada de un mandato, yo sabía que oculto tras ella había una represalia, incluso una amenaza de castigo. No teníamos tanta prisa, nos tomábamos la vida de otra manera y había otra definición de lo inmediato, tan distinta a la actual.


Ahora no, ahora no solo ya no la tememos, sino que lo asumimos como parte de nosotros; esa inmediatez que, provocada por los avances tecnológicos, siempre en costante crecimiento, nos hace no pararnos a utilizar parte de nuestro tiempo en los detalles, ni a reflexionar o analizar el cauce de nuestros días; ya no mostramos interés en ir conociendo poco a poco a una persona nueva, sino que prejuzgamos de una manera rápida y, muchas veces, también errónea, para así poder abarcar el mayor número de actividades posibles y, por supuesto, compartirlo en nuestras redes sociales de ipso facto, sin dejar opción a la duda, sin el beneplácito del descubrimiento. Lo que nos causa pavor es enviar un mensaje y no obtener respuesta instantánea, llegándonos a preocupar porque algo terrible está sucediendo.

Yo añoro la pausa, el ocio, la dedicación; una conversación cara a cara, tacto a tacto. Echo de menos el silencio, el aburrimiento, la risa; sí, porque ya no reímos como antes, sino de forma intermitente, como si el eco de la risa se tuviese que cronometrar para pasar raudamente a otro menester y esto, sin ser del todo conscientes, nos acecha, nos deprime, nos entristece y nos estresa. Personalmente intento cortar esta soga al cuello, ojo, no siendo fácil renunciar a la comodidad, pero sigo escribiendo cartas de puño y letra, prefiriendo la cita que la llamada, el abrazo que la palmadita en la espalda, y en los días de más ruido me autoinflinjo como penitencia silenciar el teléfono y desconectar de lo que me atenaza. Qué autocastigo tan beneficioso....

En esta era de estrés y agobio, ¿qué echáis vosotros en falta?



24 de enero de 2019

"GATOS EN LA CABEZA" (Laura Agustí)


Pasión por los ilustrados, un concepto literario que cada vez se extiende más y al que yo no me puedo resistir. Este se vino desde Santiago de Compostela en una escapadita express a Librería Cronopios, y viajó hasta Bilbao. Teniendo en cuenta que los gatos me dan muchísimo repelús, es todo un logro que este libro me haya cautivado. Os muestro un poquito más sobre "Gatos en la cabeza" de Laura Agustí, en este álbum de Lunwerg Editores.



«Tengo gatos en la cabeza, como quien tiene pájaros. Creo que a veces necesitamos librarnos de esas ideas y recuerdos, que resuenan lejanos como pequeños maullidos y despiertan sensaciones aparentemente olvidadas.

Entonces se desatan esas ganas de gritar, de recuperar imágenes y dibujar para ir desenmarañando el ovillo de la memoria. Este es uno de esos momentos en la vida para abrir las puertas de lo inesperado y dejar que todos esos pensamientos dormidos vuelen y encuentren su lugar en cualquier parte, incluso entre las páginas de este libro.»



Esta es la sinopsis oficial del libro y lo cierto es que no puede ser más fiel a lo que encontramos entre sus páginas. Es algo muy personal e íntimo de la autora, una serie de frases y reflexiones totalmente inconexas, ciertas ideas que revolotean en la mente de Agustí y plasma en forma de palabras y de ilustraciones. Y qué ilustraciones... Son preciosas, cuidadísimas hasta el más ínfimo detalle.

Como decía, no hay una historia como tal, no es una novela ilustrada sino unas cuantas reflexiones plasmadas en un papel, y aún así se percibe amor, amistad, cariño; hay familia, amigos; hay recuerdos, hay vivencias y mucho de autobiográfico; y por supuesto, gatos. 

Es un viaje muy particular, que me ha encantado por su originalidad, por su desnudez, por la pulcritud de trazo y de alma, y especialmente por esas ilustraciones realmente bellísimas, que son muchísimas, por lo que el trabajo de la autora ha tenido que ser extensisímo y muy metódico, recogido en esta obra de unas ciento cincuenta páginas que merece la pena descubrir. Y para muestra, un botón.


23 de enero de 2019

"RITOS FUNERARIOS" (Hannah Kent)


" Dicen que debo morir. Dicen que le robé el aliento a unos hombres y que ahora deben robarme el mío. Supongo, entonces, que todos somos llamas de vela, brillantes de grasa, parpadeando en la oscuridad y en el aullido del viento, y en la quietud de la habitación escucho pisadas, pisadas espantosas que se acercan, que vienen a apagarme y a sacarme la vida del cuerpo en forma de corona de humo gris. Me fundiré con el aire y con la noche. Nos apagarán a todos, uno a uno, hasta que quede únicamente su luz, la que se ven ellos. ¿Dónde estaré yo entonces?"

Cuanto uno más títulos literarios se echa a la espalda más exigente se vuelve, y cada vez es más difícil encontrar uno que te remueva las entrañas y permanezca en tu memoria de manera continua. Tuve la suerte de sumergirme en “Ritos funerarios” de Hannah Kent. La autora australiana consiguió en 2011, con solo veinticinco años, el "Writing Australia Unpublished Manuscript Award", pero no fue hasta 2016 cuando Alba Contemporánea lo publicó en España. Traducida a veinte lenguas, os resumo mis impresiones.


Estamos ante la historia real de la última mujer decapitada en Islandia, Agnes Magnúsdóttir, acusada del asesinato de dos hombres, hallados en su casa quemados; éstos son Natal KEttilsson y Péttur Jónnson. Los acusados son tres: Friðrik Sigurðsson, Siggíður Guðmundsdóttir (Sigga) y la propia Agnes, en la que se centra esta historia. El comisario de la comarca, Blöndal, decreta que Agnes sea encerrada hasta su ejecución en casa del alguacil de la comarca, Jón, que reside junto con su mujer, Margrét y sus hijas, Lauga y Steina. Agnes tendrá que ayudar en las labores de tierra, como la siega del pegujal, y prácticamente pasa sus días sola, sin hablar con nadie a excepción de Steina, la única que no le tiene miedo y le hace más llevadera su deprimente situación, mientras espera ser decapitada. Antes de su ejecución pide como consejero espiritual al reverendo Porvardur Jónson, conocido como “Toti”, quien aun sin recordarlo, ya la conociera previamente. Ella se irá confesando de una manera libre y abierta con un Toti un tanto perdido, que no alcance a comprenderla, ya que es el segundo sacerdote y no se ha visto en circunstancia parecida con anterioridad.

Esta es una novela de prejuicios, el prejuicio antepuesto a todo por la mera comodidad de dar por hecho sin molestarse a preguntar. La injusticia de un testimonio prejuzgado  pudiendo conllevar a un error irremplazable, como la vida de una persona, se presenta en el libro con naturalidad. Una vez errado, no hay solución posible. Teniendo en cuenta que Islandia tenía una media de sabiduría bastante elevada, ya que que en el siglo XVIII ya había un alto grado de alfabetización, es del todo contradictorio esta injusta manera de señalar con el dedo, sin compasión, con acritud.


" A las criaturas debería amárselas por su sabiduría, si no es posible hacerlo por su bondad."


Según se suceden los días, y tras un rechazo inicial hacia Agnes muy presente en todo momento, toda la familia escucha su testimonio y, especialmente Margrét, comienzan a dejar esos prejuicios al margen y comienzan a tratarla con respeto. Pero la justicia cumple su papel, terminando Agnes y Fridrik decapitados.

A pesar de que algunos lugares y personajes son ficticios, como indicaba al principio, es un hecho que sucedió. La perspectiva que expone la autora deriva en varias cuestiones muy interesantes, como el hecho de que la mujer leyera o se instruyera a escondidas; el abuso de poder respecto a la clase obrera; y la diferencia residente entre la familia estructurada y la atípica, donde radica un gran abismo. Por lo tanto, ¿por qué dejarse llevar? ¿por principios o por prejuicios? Hay  una gran irrevocabilidad cuando la desgracia te persigue desde siempre, y haciendo alusión al tema familiar, hace reflexionar no únicamente sobre los prejuicios e injusticias, sino también en la importancia de tener un pilar en la vida que ayude en el día a día, cuando todo se vuelve lúgubre. 


"Después de decidir que tengo que marcharme de aquí, los hombres de Stóra-Borg a veces me atan las piernas por la noche, igual que hacen con las patas delanteras de los caballos, para asegurarse de que no me escapo. Parece que con cada día que pasa me ven más como un animal, como a otra bestia de ojos inexpresivos a la que tienen que alimentar con lo que encuentran y mantener a cubierto. Me dejan a oscuras, me niegan el agua y el aire, y cuando necesitan moverme me atan y me llevan adonde les place."

La descripción de Kent es muy rica y detallada, lo que aún ameniza más esta lectura, pero el punto estrella es su prosa tan bella, con ritmo lento y pausado, que provoca una trama sencilla pero muy hermosa, y que tiene como desenlace lo que uno espera, con la dureza  necesaria del argumento que hace encoger el estómago, incluso a sabiendas de que el comienzo del libro ya es esclarecedor.

A mí me recomendaron esta lectura, yo no he dejado de recomendarla porque es uno de los mejores libros que he leído hasta ahora. Se le ha comparado con “Alias Grace”  de Margaret Atwood. No he leído el libro pero sí he visto la serie completa y he de reconocer que tiene ciertas coincidencias o similitudes en la línea argumental.

Os insto a que os animéis. Yo, mientras tanto, me lanzaré lo antes posible a por "Los buenos", que ya espera turno en mi estantería.


" Hay momentos en los que me pregunto si no estaré ya muerta. Esto no es vida; esperar en la oscuridad, en silencio, en una habitación tan mísera que he olvidado a qué huele el aire fresco. El orinal está tan lleno de mis desperdicios que como alguien no venga a recogerlo pronto va a rebosar. ¿Cuándo fue la última vez que vino alguien? Todo es ya una larga noche."



21 de enero de 2019

"EL SUEÑO DEL ÁRBOL" (Sara Mañero)


Tras haber conocido ya la pluma de Sara Mañero con "Mientras sorprendan los días", que además se sorteó en el blog,  me propuse lanzarme a descubrir también "El sueño del árbol", editado por Verbum, y aunque hice un intento en un momento de mi vida de caos entre maletas y cajas, decidí retomarlo con más calma tiempo después. Hoy os cuento mis impresiones.


Estamos en 1895 y un muchacho de solo doce años, Arnaldo Verín, decide alejarse de su Galicia natal y viajar a Madrid, a fin de buscar mejores oportunidades en la ciudad. Su tío Fray Ismael Carrión - por parte materna -  reside en Madrid en un convento, junto con otros frailes dominicos y también con las hermanas legas, por lo que darán techo y alimento a Arnaldo, luchando por adaptarse a estar lejos de su familia, aunque ya desde el primer momento congeniará con Sor Piedad y Sor Soledad, que le tratarán con muchísimo cariño y respeto. Su tío le cuenta que a veces viajan a Filipinas, lo que se convierte en la ambición del chico, y motivo por el que decide ahorrar para poder viajar, para pagarse el pasaje a otro lugar; así que Fray Ismael le propone viajar con él cuando llegue el momento. Mientras tanto le consigue trabajo en una casa de Madrid, la familia Baena, donde es contratado como aprendiz de ultramarinos. Allí entabla amistad con Vicentita, la doncella, un año mayor que él, y con María, la niñera. El grupo amistoso es muy particular, contando también con Santiago, el hijo de los señores. Por fin llega el día de viajar a Manila, el próximo septiembre, y además con el coste del pasaje cubierto como acompañante de su tío.

"Quien es capaz de hacer que otros rompan las barreras de la discreción es digno de loa, pues demuestra sinceridad y ternura; solo así se consigue ganar la confianza del prójimo."

Por otra parte, tenemos otra etapa en el Madrid de 2010, en el momento en que Gustavo y Abra, una belleza exótica filipina, se conozcan y comiencen una relación, y pasen mucho tiempo juntos, también con su amigo Jaime. Abra había viajado a España siguiendo la pista del diario del Señor Verín, unos cuadernillos donde narra un montón de experiencias y detalles referentes a su hijo y a él. Al caer en manos de la filipina, decide cumplir la promesa a su bisabuela y buscarle en Madrid.

Saltamos a Filipinas en 1896, siendo Arnaldo el que nos hace una introducción a su viaje en barco (su obsesión), hasta alcanzar Filipinas. En el trayecto conoce a Pablo, pariente del capitán, y se convierten en inseparables mientras que dura todo el recorrido marítimo. A la llegada a Manila se siente abrumado entre tanta novedad y, ensimismado, pasea por sus calles, percatándose de cada detalle. Pronto irá conociendo la lengua y hará un amigo, Saquiod, a quien también Arnaldo enseñará nuestro idioma. De esta manera el muchacho se va haciendo un hueco en este nuevo paraje y, como su tío, se dedique a ayudar a las gentes de Filipinas, especialmente las desfavorecidas y agravadas por las rebeliones y los insurrectos. Descubre qué es lo que más le gusta hacer, tallar madera, su sueño del árbol. Todo se sucede en un momento histórico cumbre en la historia de España respecto a Filipinas, la guerra del 98.

"Solo los dedos, darili, y el corazón, uno, importan a la hora de descubrir la forma oculta en la madera, su sueño del árbol."

Es obvio que hay una conexión entre pasado y presente de más de cien años de diferencia entre ambos, en los que Arnaldo padece toda clase de calamidades que se suceden durante su ansia por encontrar a su amigo desaparecido, una ardua tarea por todo el lío que sostienen yankees, españoles y filipinos. En ese tiempo conocerá a Mandi, una mujer que se vuelque en ayudarle y se convierta en alguien muy especial para él.

" El odio no pensaba en los inocentes."

La narración se da bajo una ambientación histórica muy desarrollada, con extensas descripciones  e interesantes curiosidades y anécdotas. Hacía bastante tiempo que no leía una novela de corte histórico, y algunos capítulos me resultaron un poco largos, pero el tono gris, nostágico, serio y melancólico de este relato te va atrapando sin apenas darte cuenta, y solo quieres descubrir más y más.

Lo mejor es el final, el momento en el que se conectan ambas historias e hilos temporales, y se va comprendiendo la grandeza de la trama. Me ha resultado una historia donde la pasión por la tierra es abrumadora, y donde el descubrimiento de una vocación  se convierte en un elogio, además de contagiarse el lector de ese entusiasmo. Me ha gustado el ritmo lineal de la novela, y esta vez ambos hilos temporales me han satisfecho por igual, así que no puedo dejar de recomendaros que emprendáis este viaje literario hacia Filipinas.

¿Sois de dar una segunda oportunidad a una lectura que en un intento inicial no os estaba enganchando?


18 de enero de 2019

"UN AMOR" (ALEJANDRO PALOMAS)


Tras "Una madre" y "Un perro", y poquitos días después de que se hiciese oficial el Premio Nadal 2019, yo me he adentrado en las páginas del libro ganador en el 2018, "Un amor" de Alejandro Palomas, conformando una trilogía con Destino, excepto el primero, que se publicase bajo el sello editorial de Siruela.



Nos sumergimos de nuevo en el "Planeta Mamá" en que reside Amalia, rodeada de sus satélites - sus hijos - Silvia, Emma y Fer. En esta ocasión nos centramos en la boda de Emma y Magalí, coincidiendo con el cumpleaños de Amalia, por lo que participaremos en esta doble celebración. Sin embargo, Fer nos pone en alerta desde el principio, ya que la que fuese amiga de Amalia, Tía Inés, la misma que la abandonó tras su divorcio, ha soltado una bomba de secreto que supone una hecatombe familiar, que se va a intentar ocultar de la única manera que existe, mintiendo, y que hasta casi el final del libro no se va a desvelar.


"Saber ayuda siempre. Es como abrazar. Cuando abrazas a alguien querido después de confesar una verdad, de oírsela a él o a ella, abrazas de otra manera porque no abrazas solo el momento presente, sino todo lo que es y lo que ha sido, lo aceptas todo. Hay que saber para aceptar y para entender, porque querer sin saber es tener miedo."


Rodeados de este misterio, Palomas nos expone a una madre un poco más deteriorada física y mentalmente, pero con la misma fuerza para proteger y anteponer a sus hijos por encima de todo. No debemos olvidar a Shirley, su perrita, que le acompaña cada día evitando su soledad y desmoronamiento. A pesar de ese empeoramiento en la salud de Amalia, sigue teniendo mucha fuerza y nos sigue regalando momentazos de ese humor que le caracteriza, que resultan tronchantes e igualmente entrañables. Su pasión por rodear de una capa extra de cariño a la vida de Fer, de esa empatía tan única que siente por Emma, y esa relación madre-hija en la que Silvia parece la madre y no al contrario, se van a ver envueltos también por la presencia de otro personaje clave, Oksana, una mujer de armas tomar, que terminará por ponerlos a todos en su sitio.

Me he reído mucho nuevamente con Amalia, me he desesperado con algunas situaciones, y en general el libro me ha gustado por el cariño que se le coge a esta señora, pero no he sentido lo mismo que en "Una madre", que me desgarró el alma y generó en mí un antes y un después, sacándome más lágrimas que risas. Esta vez no ha sido así. Sí me ha gustado volver a saber de todos estos personajes porque como lectora me hace estar cómoda, rememorar y revivir, pero algunas páginas me han resultado incluso enervantes por el ritmo tan lineal que tiene. El final me ha entusiasmado, porque sí genera un giro de tuerca que hace que, aunque predecible, rompa la constancia del resto del relato.

En general, esta etapa es igualmente reflexiva, ya que se aprecia de nuevo esa clara característica de una madre, que prefiere hacerse daño a sí misma que generarlo a los demás, y eso me ha pellizcado el corazoncito pero, como decía, no me ha hecho revivir esa intensidad que sí sentí con las dos entregas anteriores.


"Aunque no todos los recuerdos son buenos, todos pesan, todos vuelven y siguen respondiendo, atentos, cuando un olor, una sombra o un color tocan la tecla adecuada, y un fogonazo de pasado resucita también lo oscuro."

Lo recomiendo, a pesar de esos ligeros inconvenientes que me han provocado a título personal, porque vale la pena conocer el valor de la unión familiar por encima de cualquier conflicto. Se puede leer de manera independiente, pero os aconsejaría comenzar con "Una madre" (clik para leer la reseña) que es el origen de esta amena saga.


"Solo los supervivientes entendemos que la vida no es lo que es, sino lo  que sentimos al recordarla."

17 de enero de 2019

Saberse traicionado


Hay algo aún más doloroso que sentirse traicionado, y es saberse traicionado. Omitir es traición, ocultar es traición, mentir es traición, y abandonar sin una explicación ni justificación, también es traición. No es un mero dolor, porque lo que duele, una vez hecha la herida y pasado un tiempo, tiende a cicatrizar; hablamos de una fuerza máxima que llega como un huracán y resulta desgarrador, y cuando un alma se siente desgarrada, resquebrajada, no es tan sencillo recomponerla. Hay que padecerlo y sufrirlo durante un tiempo prolongado, creando desconfianza, depresión, desazón. Y es que no creo que haya algo más punzante que un amigo te traicione, que te apuñale cuando no has hecho nada para merecer esa ignorancia.



A veces puedes sentirlo, y aun así rememorar lo compartido, lo convivido, en una evidente fase de negación, en la que uno no termina de creer que tras muchos años de relación, sana y constante, un día, sin causa aparente, la soledad y la distancia se han instalado entre su casa y la tuya. Pero saberse traicionado es algo aún mayor, es quitarte un antifaz de los ojos y descubrirte expuesto ante una realidad que ni pensabas existía, y entonces vives la mentira y la humillación, y los pilares se desmoronan y se hacen añicos.

¿Qué hacer cuando ya no hay vuelta atrás? Creo que llorar de rabia, de angustia, dejar salir a flote toda esa incredulidad circundante hasta agotarse física y  mentalmente, y darse tiempo a uno mismo. No hay un periodo establecido según una tabla de dolor, tanto hemos compartido, tanto duele, tantos días necesito de recuperación, ya que cada uno vive, siente y sufre a un ritmo muy específico, de una manera personal y concreta. El tiempo, aunque a priori parece eterno, infinito, va pasando. No hay que estancarse en un pasado que ya nunca volverá, sino pensar en uno mismo, en el presente, porque lo venidero está escrito y lo hará por su propio peso, y cuando una pierna comience a flaquear, hay recurrir a los bastones que nunca se fueron, que siguen ahí, esperando y ansiando que la otra pierna le siga, y quizá no muy lejos, consigas volver a correr, aunque ahora te sientas cojo y hueco por dentro.

¿Creéis que hay una fórmula adecuada para intentar olvidar a un amigo que lo fue todo?


10 de enero de 2019

Caos impulsivo



Ya iba siendo hora de pasar a saludar al menos en lo que llevamos de año. Como os comentaba en la entrada anterior, nunca puedo seguir el calendario con el cambio de año, porque tanta fiesta y tanta comilona me desequilibra por completo. Qué bien sienta salir de la rutina y con qué ganas se vuelve a retomar. Y sin embargo, y aunque he frenado para poder coger impulso, el resultado ha sido un tanto caótico; me he desbarajustado  y todavía no encuentro la manera de reubicarme, de ordenarme de nuevo.



Siento mucho mi ausencia en el blog y más aún en redes sociales. Quienes me seguís en Instagram sabéis que tenía un ritmo bastante constante de presencia, que ahora brilla por su ausencia. De Twitter mejor ni hablemos, ni sé hace cuánto tiempo  no paso a dar los buenos días; un desastre. Prometo que cuando retome la rutina, haré una reaparición.

Cuando uno se siente incompleto y de pronto durante dos o tres días vive una plenitud, el alma se aferra a esas sensaciones y no las suelta tan fácilmente; por lo que ahora, que volvemos a estar los de siempre, me falta algo, y la melancolía se ha instalado en mi piel de pingüina, esperando a días venideros para ir desprendiéndose poco a poco, lentamente pero de forma efectiva. Mientras tanto, echo de menos, extraño, me puede la ausencia.

En definitiva, tengo un maremágnum vital, hormonal, sensorial y general que no sé ni por dónde me da el aire. A lo que iba, que me tuerzo; estoy absolutamente desordenada. Todas las reseñas pendientes que tenía no solo no se han reducido sino que la lista aumentó bastante el año pasado. No me quejo, 2016 y 2017 fue deplorable (bloguerilmente hablando) y el año pasado conseguí publicar en noventa ocasiones, y mezclando reseñas con estas reflexiones raras que me invaden y me gusta compartir con vosotros. Mi casa también ha sufrido un profundo golpe de desequilibrio instalando el nuevo vestidor, que parece que no termino nunca de colocar y me resta horas de mi ocio. Mi bullet journal está estancado en diciembre, y solo el hecho de que esté así me enerva y me frustra; no puedo consultarlo, porque el de enero está sin comenzar, y arggggggggg, qué horror.

El caos también es literario. Tengo sin terminar once títulos desde 2018 (miento, alguno de esos once lleva un par de años conmigo), que por circunstancias múltiples, así han quedado; algunos no me estaban encajando, otro creo que lo acabaré abandonando y tengo tres que sí  me estaban motivando, pero me he ido encaprichando de otros. En definitiva, que han pasado diez días de enero y aún no he leído un libro completo. Ahora estoy enfrascada en "Los dieciséis árboles del Somme" de Lars Mytting,  que con un poco de suerte espero terminar esta noche.

Me he dado de margen hasta el lunes de la semana próxima (inclusive) para ponerme en orden, abandonar el caos y tomar un impulso bien fuerte. 

Y a vosotros, ¿también os rompen el ritmo las fechas navideñas?