"EL SUEÑO DEL ÁRBOL" (Sara Mañero)
buscandomiequilibrio
enero 21, 2019
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Tras haber conocido ya la pluma de Sara Mañero con "Mientras sorprendan los días", que además se sorteó en el blog, me propuse lanzarme a descubrir también "El sueño del árbol", editado por Verbum, y aunque hice un intento en un momento de mi vida de caos entre maletas y cajas, decidí retomarlo con más calma tiempo después. Hoy os cuento mis impresiones.
Estamos en 1895 y un muchacho de solo doce años, Arnaldo Verín, decide alejarse de su Galicia natal y viajar a Madrid, a fin de buscar mejores oportunidades en la ciudad. Su tío Fray Ismael Carrión - por parte materna - reside en Madrid en un convento, junto con otros frailes dominicos y también con las hermanas legas, por lo que darán techo y alimento a Arnaldo, luchando por adaptarse a estar lejos de su familia, aunque ya desde el primer momento congeniará con Sor Piedad y Sor Soledad, que le tratarán con muchísimo cariño y respeto. Su tío le cuenta que a veces viajan a Filipinas, lo que se convierte en la ambición del chico, y motivo por el que decide ahorrar para poder viajar, para pagarse el pasaje a otro lugar; así que Fray Ismael le propone viajar con él cuando llegue el momento. Mientras tanto le consigue trabajo en una casa de Madrid, la familia Baena, donde es contratado como aprendiz de ultramarinos. Allí entabla amistad con Vicentita, la doncella, un año mayor que él, y con María, la niñera. El grupo amistoso es muy particular, contando también con Santiago, el hijo de los señores. Por fin llega el día de viajar a Manila, el próximo septiembre, y además con el coste del pasaje cubierto como acompañante de su tío.
"Quien es capaz de hacer que otros rompan las barreras de la discreción es digno de loa, pues demuestra sinceridad y ternura; solo así se consigue ganar la confianza del prójimo."
Por otra parte, tenemos otra etapa en el Madrid de 2010, en el momento en que Gustavo y Abra, una belleza exótica filipina, se conozcan y comiencen una relación, y pasen mucho tiempo juntos, también con su amigo Jaime. Abra había viajado a España siguiendo la pista del diario del Señor Verín, unos cuadernillos donde narra un montón de experiencias y detalles referentes a su hijo y a él. Al caer en manos de la filipina, decide cumplir la promesa a su bisabuela y buscarle en Madrid.
Saltamos a Filipinas en 1896, siendo Arnaldo el que nos hace una introducción a su viaje en barco (su obsesión), hasta alcanzar Filipinas. En el trayecto conoce a Pablo, pariente del capitán, y se convierten en inseparables mientras que dura todo el recorrido marítimo. A la llegada a Manila se siente abrumado entre tanta novedad y, ensimismado, pasea por sus calles, percatándose de cada detalle. Pronto irá conociendo la lengua y hará un amigo, Saquiod, a quien también Arnaldo enseñará nuestro idioma. De esta manera el muchacho se va haciendo un hueco en este nuevo paraje y, como su tío, se dedique a ayudar a las gentes de Filipinas, especialmente las desfavorecidas y agravadas por las rebeliones y los insurrectos. Descubre qué es lo que más le gusta hacer, tallar madera, su sueño del árbol. Todo se sucede en un momento histórico cumbre en la historia de España respecto a Filipinas, la guerra del 98.
"Solo los dedos, darili, y el corazón, uno, importan a la hora de descubrir la forma oculta en la madera, su sueño del árbol."
Es obvio que hay una conexión entre pasado y presente de más de cien años de diferencia entre ambos, en los que Arnaldo padece toda clase de calamidades que se suceden durante su ansia por encontrar a su amigo desaparecido, una ardua tarea por todo el lío que sostienen yankees, españoles y filipinos. En ese tiempo conocerá a Mandi, una mujer que se vuelque en ayudarle y se convierta en alguien muy especial para él.
" El odio no pensaba en los inocentes."
La narración se da bajo una ambientación histórica muy desarrollada, con extensas descripciones e interesantes curiosidades y anécdotas. Hacía bastante tiempo que no leía una novela de corte histórico, y algunos capítulos me resultaron un poco largos, pero el tono gris, nostágico, serio y melancólico de este relato te va atrapando sin apenas darte cuenta, y solo quieres descubrir más y más.
Lo mejor es el final, el momento en el que se conectan ambas historias e hilos temporales, y se va comprendiendo la grandeza de la trama. Me ha resultado una historia donde la pasión por la tierra es abrumadora, y donde el descubrimiento de una vocación se convierte en un elogio, además de contagiarse el lector de ese entusiasmo. Me ha gustado el ritmo lineal de la novela, y esta vez ambos hilos temporales me han satisfecho por igual, así que no puedo dejar de recomendaros que emprendáis este viaje literario hacia Filipinas.
¿Sois de dar una segunda oportunidad a una lectura que en un intento inicial no os estaba enganchando?




