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11 de julio de 2018

A destiempo


Venía de leer a unos compañeros de otro blog que entre otros, me dedicaban hoy una mención especial. No solo me he sentido emocionada y halagada sino que en sus palabras he encontrado respuesta a ciertas cuestiones que llevaba días intentando solventar. Mis compis dicen que en mi espacio no solo hablo de libros sino que reflexiono sobre todo en general y sobre mis vivencias personales, en particular. Esto me ha hecho preguntarme: ¿hace cuánto que no me paro a reflexionar? ¿y a escribir? Porque pensar y reflejar con mis letras mi maremágnum emocional es un oasis, porque cuando no escribo me atasco, y siento que voy a destiempo.


(Imagen vía internet)


Cuando casi todas las personas están en épocas de parón y descanso, yo me altero. Cuando no me planifico me invade el desorden, que conlleva en caos y eso me produce desequilibrio. Sí, el desorden me desequilibra. El hecho de sentir que arrastro siempre tareas pendientes, sean de la índole que sean, me asfixia y entonces lo único que me queda es huir, ausentarme, distanciarme. Siempre todo para ayer o acumulado para mañana. Pero por fin comienzo a respirar.

Ya basta de risas entrecortadas, cafés anulados y llamadas pospuestas, porque es el aquí y el ahora; es hacer una balanza para que mis aletas de pingüina queden a la par en la cuerda de funambulista en las que me apoyo. El entorno es maravilloso, puedo patinar sobre el hielo sin caerme y a veces se me olvida. He tenido una temporada aislada en la que ciertos planes no salieron como esperaba y eso me frustró, por eso hoy, gracias al empujoncito de Moniki y Juan Manuel, que me han recordado que abrir el alma ante todos vosotros me quita un gran peso de encima, he dicho: voy a vaciarme. Aunque sea, como siempre, en blanco y negro.

Ahora siento que puedo volar.