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10 de enero de 2019

Caos impulsivo



Ya iba siendo hora de pasar a saludar al menos en lo que llevamos de año. Como os comentaba en la entrada anterior, nunca puedo seguir el calendario con el cambio de año, porque tanta fiesta y tanta comilona me desequilibra por completo. Qué bien sienta salir de la rutina y con qué ganas se vuelve a retomar. Y sin embargo, y aunque he frenado para poder coger impulso, el resultado ha sido un tanto caótico; me he desbarajustado  y todavía no encuentro la manera de reubicarme, de ordenarme de nuevo.



Siento mucho mi ausencia en el blog y más aún en redes sociales. Quienes me seguís en Instagram sabéis que tenía un ritmo bastante constante de presencia, que ahora brilla por su ausencia. De Twitter mejor ni hablemos, ni sé hace cuánto tiempo  no paso a dar los buenos días; un desastre. Prometo que cuando retome la rutina, haré una reaparición.

Cuando uno se siente incompleto y de pronto durante dos o tres días vive una plenitud, el alma se aferra a esas sensaciones y no las suelta tan fácilmente; por lo que ahora, que volvemos a estar los de siempre, me falta algo, y la melancolía se ha instalado en mi piel de pingüina, esperando a días venideros para ir desprendiéndose poco a poco, lentamente pero de forma efectiva. Mientras tanto, echo de menos, extraño, me puede la ausencia.

En definitiva, tengo un maremágnum vital, hormonal, sensorial y general que no sé ni por dónde me da el aire. A lo que iba, que me tuerzo; estoy absolutamente desordenada. Todas las reseñas pendientes que tenía no solo no se han reducido sino que la lista aumentó bastante el año pasado. No me quejo, 2016 y 2017 fue deplorable (bloguerilmente hablando) y el año pasado conseguí publicar en noventa ocasiones, y mezclando reseñas con estas reflexiones raras que me invaden y me gusta compartir con vosotros. Mi casa también ha sufrido un profundo golpe de desequilibrio instalando el nuevo vestidor, que parece que no termino nunca de colocar y me resta horas de mi ocio. Mi bullet journal está estancado en diciembre, y solo el hecho de que esté así me enerva y me frustra; no puedo consultarlo, porque el de enero está sin comenzar, y arggggggggg, qué horror.

El caos también es literario. Tengo sin terminar once títulos desde 2018 (miento, alguno de esos once lleva un par de años conmigo), que por circunstancias múltiples, así han quedado; algunos no me estaban encajando, otro creo que lo acabaré abandonando y tengo tres que sí  me estaban motivando, pero me he ido encaprichando de otros. En definitiva, que han pasado diez días de enero y aún no he leído un libro completo. Ahora estoy enfrascada en "Los dieciséis árboles del Somme" de Lars Mytting,  que con un poco de suerte espero terminar esta noche.

Me he dado de margen hasta el lunes de la semana próxima (inclusive) para ponerme en orden, abandonar el caos y tomar un impulso bien fuerte. 

Y a vosotros, ¿también os rompen el ritmo las fechas navideñas?