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4 de agosto de 2018

Hablar con el corazón



Dicen que quien habla con el corazón en vez de con la cabeza, tiene el privilegio de que quien le escucha también lo hace con el corazón. De aquí se deduce que para ello es importante tener quién preste atención a tus latidos. Por estos lares me encuentro divagando sobre el tema en cuestión, porque es completamente necesario en primer lugar, saber interpretar las señales que el corazón te envía, que eso se convierta en palabras y fluyan solas como el viento; y en segundo lugar, elegir en quién confiar para que te preste sus oídos y te los entregue para la causa; decidir en quién confiar con esa seguridad plena de que tus pensamientos se convierten en secretos en el mismo momento en el que te aventuras a compartir con otra persona tus miedos, tus temores, y vaciarte.




Esto es pura fortuna.  Expresarte sin tapujos con esa persona que te comprende, que te ayuda a entender (te). Y tener la suerte de contar con ella. Porque abrirse a los demás no es fácil, partiendo de la premisa que saber intepretarse a una misma ya es una tarea compleja. Porque las personas cambiamos, evolucionamos y nos equivocamos, y asimilar una crítica constructiva es mucho más llevadero cuando te preguntas y te respondes, o cuando le preguntas y te responde, y hace tu mundo mucho más simple. Lo dicho en voz alta siempre pierde peso y suena menos importante que cuando se agolpan sensaciones y sentimientos y no consiguen salir de la garganta, hasta que por fin sale, y te sientes liberada. Entonces se termina el ruido, ese ruido ensordecedor que atormenta y no permite encontrar calma ni equilibrio.

Qué sencillo es que te duela la cabeza y tomarte una pastilla milagrosa que calme la molestia, pero cuando es tu alma la que sangra con solo rozarla con la punta de un alfiler, ¿qué tratamiento hay que seguir? Hablar para poder desahogarse. Sentarse sin prisas a exponer tu patología y que la persona en quien confías, sin ser médico, te muestre un camino o una solución que estaba frente a tus ojos y tú sola no habías visto.

Así que gracias  a las personas con buen fondo y capacidad de amar, que siempre encuentran las palabras con las que devolverte a tu mundo sin haber dado un giro de 360º; las que te ponen en línea recta cuando tu sendero tenía demasiadas curvas.