" H DE HALCÓN" (Helen Macdonald)
Con todos los premios que tiene este libro (Best seller del NY times, Premio Samuel Johnson al mejor libro de No Ficción, Premio Costa al mejor libro del año) no sé cómo no había reparado antes en él. "H de Halcón" de Helen Macdonald es, cuanto menos, un libro que no deja indiferente. Escrito originalmente en inglés, a España llegó en 2015 de la mano de Ático de los libros.
Cambridge. Tras el fallecimiento del padre de Helen decide comprar y adiestrar un azor, un ave letal. Se vuelca en la cetrería hasta el punto de convertirse en su obsesión y por ende, en adicción. El mundo de las aves es el refugio donde guarecerse del dolor. La autora se apoya en la obra de T. H. White, compartiendo múltiples referencias bibliográficas, buscando refugio en ellas para así escapar del sufrimiento; casi se podría decir que se establece un paralelismo entre la vida de White y la de Macdonald. Está compuesta de dos partes, la primera se posiciona más en el dolor candente provocado por la muerte, la ausencia, el vacío, enfocado desde la ira y la negación; en la segunda, tenemos a una Helen más madura, desde un prisma más sereno, establecido, y que lucha por su crecimiento interior.
El tono es gris, melancólico, y la narración muy bella. Yo no no he conseguido conectar del todo con esta historia, porque prevalecen todas esas referencias a cetrería (halcones, azores, urogallos, entre otros) que la exposición de emociones y sensaciones, que personalmente creo se queda en una parte demudada, silenciosa, como si vulgarmente dijéramos se viera la ausencia "desde la barrera". Buscaba una lectura sobre duelo con un trasfondo aviar y me he topado con una obra que habla en un 90% de cetrería, una temática que no me interesa en absoluto y que me ha llegado a aburrir bastante, y el restante de alusiones a la memoria familiar, a volver a esos momentos compartidos con el padre que ya no está.
" El azor era un fuego que consumía mis penas. En él no cabían ni arrepentimiento ni duelo. Ni pasado ni futuro. Vivía solo en el presente, y ese era mi refugio. Huía de la muerte sobre sus alas rayadas y batientes. Pero había olvidado que el acertijo que era la muerte estaba también inmerso en el azor, y que yo estaba inmersa en él".
A caballo entre el ensayo y la novela, la mayor parte de la narración se centra, como decía, en las publicaciones de T.H. White, resultando densa, extensa y del todo innecesaria. Qué poco se habla de emociones enterradas, aunque lo hace, sí, en una proporción ínfima. Esos sentimientos se describen con maestría, de forma sincera. Cuando se desnuda se deja atravesar por el dolor y comparte con el lector todo ese cúmulo de palabras que se le agolpan en la garganta, aunque pocas veces se lo permite, como si ese océano estuviera demasiado congelado como para acercarse siquiera a mirar.
Por ser una obra personal, de no ficción, entiendo la necesidad de la autora de plasmar todo esto en papel, sin embargo, yo no he conseguido apenas empatizar con el personaje a pesar de comprender el sentimiento de abandono, latente desde el principio. Ese duelo casi patológico que viene de no tratarse ni con la madre ni con un profesional de la salud mental, algo taaaan necesario, que respeto pero no comparto, y esa necesidad de huir del dolor que nunca funciona, apenas se nombra en este relato. Los recuerdos siempre encuentran una rendija por donde colarse y arrasar todo a su paso, pasen los años que pasen, pero Macdonald no se da espacio para cerrar la cicatriz.
"He aquí una palabra. Duelo. O doliente. La palabra inglesa para duelo, bereavement, procede del inglés medieval bereafian, que significa <desposeer de algo, arrebatar, aprehender, robar>. Robado. Arrebatado. Todo el mundo lo sufre. Pero lo sientes sola. Por mucho que lo intentes, no puedes compartir la conmoción de la pérdida".
Iba con unas expectativas altísimas por recomendación y, si bien reconozco la originalidad de la obra, en conjunto me ha dejado un tanto fría. Me ha pesado más la parte que no me interesaba; de hecho, me he saltado párrafos y párrafos buscando terminar la lectura cuanto antes. Es cierto que no me había topado hasta el momento con un libro que se inmiscuyera en el universo de la cetrería pero lo que esperaba era que ahondase más en la descripción de emociones. En definitiva, ni blanco ni negro.