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25 de enero de 2019

La inmediatez



Es curioso cómo evolucionamos los seres humanos; en el peor de los casos, cómo "des-evolucionamos". Cuando yo era pequeña había una palabra que me asustaba muchísimo; ésta era "inmediatamente". Si mi madre hacía uso de ella, que por normal general venía acompañada de un mandato, yo sabía que oculto tras ella había una represalia, incluso una amenaza de castigo. No teníamos tanta prisa, nos tomábamos la vida de otra manera y había otra definición de lo inmediato, tan distinta a la actual.


Ahora no, ahora no solo ya no la tememos, sino que lo asumimos como parte de nosotros; esa inmediatez que, provocada por los avances tecnológicos, siempre en costante crecimiento, nos hace no pararnos a utilizar parte de nuestro tiempo en los detalles, ni a reflexionar o analizar el cauce de nuestros días; ya no mostramos interés en ir conociendo poco a poco a una persona nueva, sino que prejuzgamos de una manera rápida y, muchas veces, también errónea, para así poder abarcar el mayor número de actividades posibles y, por supuesto, compartirlo en nuestras redes sociales de ipso facto, sin dejar opción a la duda, sin el beneplácito del descubrimiento. Lo que nos causa pavor es enviar un mensaje y no obtener respuesta instantánea, llegándonos a preocupar porque algo terrible está sucediendo.

Yo añoro la pausa, el ocio, la dedicación; una conversación cara a cara, tacto a tacto. Echo de menos el silencio, el aburrimiento, la risa; sí, porque ya no reímos como antes, sino de forma intermitente, como si el eco de la risa se tuviese que cronometrar para pasar raudamente a otro menester y esto, sin ser del todo conscientes, nos acecha, nos deprime, nos entristece y nos estresa. Personalmente intento cortar esta soga al cuello, ojo, no siendo fácil renunciar a la comodidad, pero sigo escribiendo cartas de puño y letra, prefiriendo la cita que la llamada, el abrazo que la palmadita en la espalda, y en los días de más ruido me autoinflinjo como penitencia silenciar el teléfono y desconectar de lo que me atenaza. Qué autocastigo tan beneficioso....

En esta era de estrés y agobio, ¿qué echáis vosotros en falta?