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21 de agosto de 2015

¿HASTA CUÁNDO? (Parte II)




Y ahí sigues .... sentado en el mismo banco. 

Con la cabeza gacha, las manos bajo tus muslos, observando tus pies moverse continuamente hacia adelante y hacia atrás, a un ritmo melodioso.

De vez en cuando alzas ligeramente la cabeza, marcando un leve giro a la izquierda, mirando el puente de reojo, de manera intermitente, pensando, dudando, valorando. Dos horas de continuo dilema interno y de agarrotamiento postural, limitándote únicamente a respirar, parpadear, y esas miradas fugaces a esa construcción que podría salvarte de tu penuria.

Sorprendentemente, un movimiento rápido coloca tus manos encima de tus rodillas, tu espalda se tensa y sin pensar, te levantas. Muy serio, pero muy decidido. Te vuelves hacia él y comienzas a caminar. 

Te tiemblan las manos, así que decides asir la barandilla, temiendo que después de un cierto periodo de inactividad, tus piernas te fallen y caigas de nuevo. Y ,una vez más, te sorprendes; cruzar el puente está provocando un revoloteo en tu estómago, quizá por la curiosidad de qué haya al otro lado. Un atisbo de sonrisa asoma en la comisura de tus labios.

¡Lo has conseguido!

El paisaje te enamora, te envuelve en su manto delicado. La zona está atestada de árboles, flores de intenso colorido, plantas que nunca antes habías visto, mariposas blancas, insectos variados,  pájaros jugueteando en las copas de los árboles, manteniendo su conversación inteligible entre ellos.
Y continúas avanzando...





Al menos por una vez, la piedra se mantiene al margen, sin obstaculizar tu camino, evitando que tropieces con ella. ¡Valora esa señal! El destino se está poniendo de tu parte.




Sigues caminando. Permaneces boquiabierto, disfrutando de cada paso, sintiendo esa belleza que te rodea.

Una vez alguien nos dijo que abrazar un árbol le llenaba de energía positiva, ¿lo recuerdas? Yo nunca lo hice, ¿y tú? 


En el lugar en el que te hallas alcanzas oxígeno de sobra para revitalizar tus pulmones, notando ese cosquilleo que el aire fresco regala a tu nariz. Apuesto a que la sensación es similar a rodear la naturaleza entre los brazos. 

La senda comienza a estrecharse, y el bosque aún se vuelve más frondoso.

¡Sonríes!, la mezcla de tonos verdes te está animando. Te estás contagiando de vitalidad, de oxígeno, de buenas vibraciones, y, principalmente, de serenidad.



Conforme termina el sendero, comienza una explanada sombría en la que están dispuestas unas cuantas mesas de madera con bancadas. El terreno se ve bastante ajado, seguramente sea una zona bastante transitada, aunque tú no te hayas topado con nadie. O quizá fueras tan entretenido que no te hayas dado cuenta de si alguien pasaba por tu lado o no.

Has caminado durante mucho rato, así que decides sentarte a reflexionar, a saborear la sensación que hacía tantísimo no vivías. A escuchar "nada" a excepción de la magia que invade tu espíritu, a la paz que alimenta tu alma, reencontrándote contigo mismo, sintiéndote cómodo en esa parcela de tu vida. Y atreviéndote a cuestionarte lo que llevabas tiempo obviando:


¿Es esto la felicidad? 





28 de julio de 2015

"TODA LA VERDAD SOBRE LAS MENTIRAS" (José Antonio Palomares)


JOSÉ ANTONIO PALOMARES
Editorial: Plaza Janés
Nº páginas: 363
PVP: 17,90 €



Toda la verdad sobre las mentiras es una novela basada en una familia de clase media-baja (o baja tirando a media), contada desde el punto de vista del hermano mayor, con una madre discreta y amorosa, un padre con aficiones dudosas, y un hermano pequeño que chincha y a la vez protege.

A mí me ha emocionado, me ha hecho reír y me ha hecho llorar.  Me he sumergido en los recuerdos del personaje y en los míos propios, evocando una infancia, que yo califico como "de las de verdad". Aquellas de jugar a las chapas, de jugar en equipo, de tener un AMIGO. Donde lo más importante era (y es) el valor y respeto por la familia, de las vacaciones en el pueblo, de las cartas escritas en papel (sí, sí, con su sello, su sobre, su folio...) .... 
He sentido verdadera nostalgia por los años pasados. También auténtica tristeza de valorar, ahora desde la perspectiva de adulta, el gran salto de niño a mayor del protagonista principal, en el que intenta seguir adornado la realidad porque con imaginación hay cosas que son más fáciles de asimilar, hasta que se siente "menos niño" y  afronta con valor los obstáculos que la vida le interpone con valor, aunque parte de ellos ni siquiera los comprenda.


Una gran enseñanza.


Os invito a leerla directamente para ver hacia qué lugar de vuestra infancia os transporta.