Relato de una equilibrista turista
buscandomiequilibrio
febrero 06, 2017
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¿Conocéis ese momento en el que se alinean los astros para que cuando algo sale mal, salgan varias cosas mal al mismo tiempo? Pues es lo que os vengo hoy a contar, a compartir con vosotros mi viaje a Londres y su regreso correspondiente. Primero os pongo en situación: Me escapo unos días a ver una amiga española que vive allí.
LLEGADA A LONDRES (AEROPUERTO)
Nada más bajarme del avión, me activo los datos del móvil, por si las moscas. Y menos mal..... Mi amiga venía a buscarme al aeropuerto de Gatwick, mediante dos combinaciones de transporte público: metro + tren. Y justo ese día, no otro, no, no, ese justamente, la parada de metro en la que ella tenía que subirse está cerrada por huelga. La pobre... ¡estupendo!, un siglo para llegar al aeropuerto.
En definitiva, un mal menor, llegamos casi a la par, ella en la salida, yo también, y no nos encontrábamos. Dieciocho notas de voz por whatsapp después, unos 30 minutos aproximadamente, nos dimos cuenta (bueno, se dio ella) de que cada una estaba en una terminal, ella en la South y yo en la North. Ni qué decir tiene cuántas veces fui tirando yo hacia la suya y ella a la mía, hasta que por fin, decidimos que la que me quedaba quietecita esperando iba a ser yo. Y una que aunque le cueste es obediente, conseguimos encontrarnos. Abrazo, risa, besos, qué mejor que irnos a tomar unas cervezas para celebrarlo, ¿verdad? El destino o el puñetero Murphy, que nos "estaba vacilando".
LLEGADA A LONDRES (CERCA DEL DESTINO)
Claro, la misma odisea que tuvo mi amiga para llegar a recogerme, la teníamos ahora las dos de vuelta hacia "cerca" de su casa. Primero en tren, ella atascada por un resfriado tremendo con el que casualmente se levantó esa misma mañana, y yo cargada con el abrigo, jersey, bufanda, mochilita (que parecían dos, de intentar meter lo que no cabía en la maleta), y mi maleta de mano (que explotaba hasta la cremallera); por lo que cuando voy a colocar la maleta en el portamaletas del tren, el tirador de la maleta no bajaba... así que se quedó abierto, en posición horizontal, ocupando casi todo el pasillo.
Después del tren, autobús. Al subir al autobús, coñe, tenía que colocar el tirador como fuera, y como vasca que soy (que pecamos más de brutas que de sensatas), con toda mi fuerza conseguí meter el tirador en su sitio. ¡olé yo!
Nos apeamos cerquita de su casa pero como íbamos justas de tiempo para cenar, decidimos ir a un restaurante-pub donde tomar la cervecita y cenar al mismo tiempo, maleta y todo incluido en el pack. Intento subir el tirador de la maleta, y no sube... ¡fantástico! Así que todo el camino andando hasta el pub, unos 20 minutos, con los 10 kilazos de maleta a pulso, turnándonos como buenamente podíamos. Con esto ya me quedo coronada como la Pepe Viyuela londinense.
Cenamos, cervecitas etc, vuelta a cargar con la maleta a pulso. Nota mental: comprar una maleta nueva.
ESTANCIA EN LONDRES
Pufff, pues han sido varias cositas acontecidas, pero solo voy a destacar dos.
1- Acudo a visitar la British Library, solita, porque mi amiga tenía que trabajar, y resfriada, por supuesto, es lo que tiene dormir dos personas juntitas en un espacio reducido. Cómo no, empanada de la vida o mirando las musarañas, llámese como se quiera, entro a la librería por EXIT. Evidentemente, el chico de seguridad/mulato/buenorro me riñe, ¡claro! Y el inglés de una es limitadísimo, pero "salida" es una palabra familiar..... En fin, me llamó "chica bonita" en castellano, así que esta no salió ni tan mal, encima de no caerme bronca me regalaron el oído.
2- Casa de Bridget Jones. Teníamos claro que íbamos a ver dónde se rodó la peli de Nothing Hill, y la casa de la Bridget. Nada, lo típico, lloviendo, cuatro fotos, dos transportes para ir y dos para volver. Y ¿cuál es el colmo de los colmos?, ¿he dicho que llovía? Que pase un taxi y nos haga un Bridget en toda regla. La que iba más pegada hacia la carretera era yo :(
Sí, la cara de gilipollas que se nos quedó fue parecida.
VIAJE DE VUELTA.
El camino hacia el aeropuerto también lo tuve que hacer solita, gracias a Dios, sin huelga de trenes. Menos mal que salí con tiempo de sobra porque casi no llegó a tiempo del embarque, es lo que tiene que te envíen de plataforma a plataforma de estación ferroviaria, de punta a punta, pero bueno, llegué, embarque on time, vuelo on time, todo on time. Según el piloto íbamos a llegar 20 minutos antes de lo previsto a Bilbao, con una temperatura de 17 grados al llegar, kindle en mano leyendo "La ley del Menor" de Ian McEwan,... un lujazo. Ya si las tres pedorras de la izquierda hubieran dejado de hablar durante tooooooodo el vuelo, hubiera sido la pera. ¡Bah!, mejor así, que a esas horas a una ya se le empieza a caer el ojillo, y si me duermo luego me desvelo por la noche, ¡seguro!
* ¡Pim, pum, pim! (Aviso de megafonía, el piloto: "Tripulación, prepárense para el aterrizaje".)
Cuarenta minutos después, tres maniobras distintas de aterrizaje desde diferentes puntos de Vizcaya....
* ¡Pim, pum, pim! (Aviso de megafonía, el piloto: " Debido a vientos cruzados no es posible efectuar el aterrizaje en el aeropuerto de Bilbao, y por motivos de seguridad vamos a proceder al aterrizaje en el aeropuerto de Madrid Barajas).
A tomar por.... Indicaciones pertinentes de la compañía después, terminé cenando a la 01.30 horas en un hotel de Barajas, y siendo despertada por el personal del hotel a las 03.30 horas para bajar a recepción a coger el autobús que nos llevaría de vuelta a Barajas a coger el primer vuelo de la mañana. Estaba despierta, quién duerme sin saber si uno llega a tiempo a trabajar o no....
Indignación de los pasajeros porque TODOS los vuelos llegaron a Bilbao y aterrizaron, todos excepto el nuestro. Yo indignada, no, dormida, mucho.
Ni qué decir tiene que el aterrizaje por la mañana fue muchísimo peor, porque el viento era fortísimo y las turbulencias fastidiaron todo el viaje. Qué pensaría el "guiri" que volaba a mi izquierda cuando le agarré de la muñeca al aterrizar.....
En fin, y en resumen, sana y salva al día siguiente a las 08.15 de la mañana, y trabajando una hora después.
Así que cada vez que alguien me pregunta por qué busco mi equilibrio, entenderéis que es algo que no encuentro, ¡porque Muprhy se lo lleva!










